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Estudiantes PACE del Liceo Puente Alto participaron en Taller de Memoria de Londres 38

PACE UCSH visita Londres 38

Jueves 25 de octubre y muchas personas lanzan un vistazo a las oscurecidas placas de la vereda frente al número 38 de la calle Londres en Santiago. Sin embargo, para este grupo de jóvenes proveniente del Liceo Puente Alto el vistazo se transformó en una cuidadosa observación. Con sus cabezas inclinadas, pareciera que fueran sus nombres los inscritos sobre el metal, que fueran sus edades las recordadas en esos adoquines. Como si se lograran reconocer, como si ahí pudieran verse.

“¡Cacha 16, 18, 22 años!”

Fueron más de 40 estudiantes de tercer año medio que llegaron a esta salida pedagógica del Programa PACE de la Universidad Católica Silva Henríquez. En grupo frente al portón de madera abierto para su visita, el equipo a cargo dio la bienvenida y explicó el sentido de la actividad en el Sitio de Memoria.

Una de las estudiantes preguntó por los nombres, que quiénes eran, que qué les pasó. “Los nombres que ven a sus pies son de militantes que aquí sufrieron detención, asesinato y luego desaparición durante los primeros años de la dictadura”, expuso uno de los encargados. 96 nombres. Hombres, mujeres, adolescentes. Jóvenes. Casi la totalidad menores de 30 años.

Esta historia que es nuestra

La profesora de literatura y pasante del Sitio de Memoria Londres 38, Daniela Stevens, recibió al grupo en el salón principal del primer piso de la casa. De cuclillas o apoyándose en las paredes, el estudiantado siguió con mirada atenta su relato. De a poco levantaron las manos, hicieron preguntas, opinaron, incluso se animaron a compartir ese pasaje de historia personal que escucharon de sus familias, de alguien perseguido o que ya no está.

Generar esas interacciones es uno de los objetivos centrales del Taller de Memoria, actividad impartida por la agrupación a cargo del lugar luego de reflexionar sobre metodologías participativas y convocantes. “Yo creo que la educación en general tiene una gran deuda con este tipo de metodologías -explicó Stevens-, porque se trata de un espacio muy jerarquizado, con poco espacio para que el estudiantado genere opiniones. Aquí tratamos de desarrollar eso”.

Durante unos minutos el grupo se dispersó por los rincones de la casa, conocieron sus habitaciones y se detuvieron en las leyendas explicativas. Se reunieron luego en una sala de trabajo ubicada en el segundo piso. Allí los esperó la guía.

Una vez en el salón, se encontraron de frente con dos rostros tan frescos como los suyos. Daniela sostenía frente a sí los retratos de José Huenante, joven mapuche detenido y desaparecido en 2005 con 16 años; y Marcela Sepúlveda, militante del MIR detenida y desaparecida en 1974 con 18 años. “¿Tienen algo que ver con lo que estoy viviendo yo en la actualidad, a mis 16 años?”, interpeló Daniela. Rotunda y movilizadora, la pregunta sirvió como chispazo para que el curso se dividiera en tríos y cuartetos que elaboraron sus propias respuestas.

“Esto lo habíamos hablado con mi curso y en varios casos a familiares les pasó lo mismo. Por eso quisimos venir, es bonito conocer esto que es parte de nosotros”- contó la estudiante Marlene Caballero- “Donde yo vivía, en Lo Espejo, mi vecina tenía a su hijo detenido desaparecido. Mi bisabuelo fue militante del Partido Comunista y a él no lo pudieron matar, el militar no pudo, se puso a llorar”, narró.

Consultada respecto a la posición que su generación asume respecto de la memoria y los Derechos Humanos, Caballero reflexionó: “Pienso que más liceos deberían estar con esto, siento que todo hace que una misma olvide lo que pasó antes, que la misma gente trata de no tocar el tema. Es una gran herida y para olvidarla se decide no hablar, estamos intimidados por el poder y el dinero, que mandan ahora”.

Abel Olivera, estudiante que llegó hace cuatro meses desde Venezuela, también entregó su mirada luego de esta experiencia: “Es muy interesante porque nos ayuda a mejorar nuestro presente. Todo lo que pasó no fue agradable para quienes lo vivieron ni para sus familias, es importante recordar, que nos digan lo que pasó para hacernos una idea”.

“Quien quiera ser presidente -prosiguió Olivera-, quien quiera poder político, sabe que hay límites, que hay cosas que no puede hacer. El que quiera ser militar, debe saber que es su obligación respetar los derechos humanos, esto es fundamental”.

Contar desde la realidad actual

Comprender y problematizar el pasado reciente de Chile son parte de los desafíos que desde el Programa PACE-UCSH se abordan con estas salidas pedagógicas. Con ello, se busca fortalecer la formación ciudadana y crítica del estudiantado que es parte de la red de establecimientos. A ello, se suma la necesidad de hacer ejercicios de memoria situados en la realidad concreta, con sus condiciones y temáticas actuales.

Para Daniela Stevens, que además cuenta con un magíster en Estudios Latinoamericanos, esa pertinencia es clave: “Cuando uno enseña, tiene que hacerlo desde la realidad. Esa realidad se conecta precisamente con las memorias de familia, de barrio, de política. Memoria que debe trabajarse a través de su propia diversidad”.

Particularmente, hablar sobre la dictadura exige “no solamente enseñar sobre el proceso sociopolítico, sino el contexto en su totalidad. Por qué se estaban generando estos procesos de transformación social, si tienen algo que ver con lo que vivimos hoy. Debería ser una cuestión transversal e interdisciplinaria: historia, lenguaje, filosofía, hasta matemática si uno lo piensa en términos económicos”, sentenció.

El taller culminó con frases y consignas escritas sobre cartulinas de colores que resumieron las reflexiones del grupo: “Ni con ladrillos me hacen desaparecer, porque los peces corren mis cadenas para hacerme ver”, rezó una de ellas.

“La sociedad sin memoria es soledad; la política sin memoria es ceguera; el futuro sin conciencia histórica es su abandono”, escribió la Premio Nacional de Historia 2018 y autora del libro “Liceo”, Sol Serrano. Porque lo que aquí se contó es también la historia nuestra, de todas y todos.