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Programa PACE-UCSH presenta lineamientos de su nuevo Acompañamiento Inclusivo

PACE-UCSH presenta lineamientos de su nuevo Acompañamiento Inclusivo

El pasado jueves 27 de septiembre, en el marco del Día Internacional de las Personas Sordas, el Programa PACE de la Universidad Católica Silva Henríquez (UCSH) presentó su nuevo proyecto de Acompañamiento Inclusivo.

En el Aula Magna de nuestra Casa Central, Victoria Gutiérrez, Encargada Regional Metropolitana PACE de la Secretaría Regional Ministerial; el Director del Programa de Bachillerato y Propedéutico y Responsable Alterno del Programa PACE, Caupolicán Catrileo Cuitiño; la Coordinadora Ejecutiva del PACE-UCSH, Victoria Moreau; el Vicerrector de Administración y Finanzas Guillermo Escobar; el Director de Vinculación con el Medio Francisco de Ferari; el Director de la Dirección de Asuntos Estudiantiles Jorge Alegría; el Director de Bibliotecas y Recursos Informáticos Carlos Molina; la Encargada del Programa de Inclusión para Personas en Situación de Discapacidad Daniela Zuzarte; la Jefa de PRIAVU Emilik Barrera; junto a la comunidad estudiantil, encabezaron una ceremonia que contó con diversas intervenciones donde se revisaron contextos, falencias, objetivos y lineamientos en materia de Inclusión a nivel educativo.

Modelo Inclusivo: un pilar para implementar el PACE

Las exposiciones, en las que participaron tanto estudiantes de la Comunidad Sorda como profesionales del área, esbozaron lo que será el trabajo de Acompañamiento Inclusivo, dirigido por la Educadora Diferencial, Nicole Ojeda.

A principios de 2018, ingresaron tres estudiantes sordos/as a la Universidad vía cupo PACE. El apoyo académico, psicoeducativo y de alerta temprana brindado fue el mismo que se emplea con todo el estudiantado. Sin embargo, el equipo AES notó que las respuestas no eran las esperadas, que en el fondo el apoyo estaba siendo insuficiente.

“Nos encontramos con múltiples barreras contextuales que dificultaron tanto la participación de las y los estudiantes Sordos como la construcción de aprendizajes significativos”, explicó Ojeda. “En ese contexto, AES se autoevalúa y decide focalizar los apoyos con una profesional idónea, con conocimiento específico del área”.

Algunos de los cercos contextuales identificados por el equipo se relacionan con la participación: falta de conocimiento de lengua de señas (LSCH) por parte de la comunidad educativa en general (estudiantes, docentes, directivos, administrativos, servicio, etc.); otros, tienen que ver con la construcción de aprendizaje y el desconocimiento de la Cultura de las Personas Sordas: el rol del canal visual en el proceso de aprendizaje y el descarte de estrategias o herramientas para explicar ciertos contenidos.

Con el diagnóstico claro, se dio paso al diseño de un plan de Acompañamiento mucho más específico, que tuviera como base un Modelo Inclusivo y no de Integración. La diferencia, explicó Ojeda, radica en “comprender que con la Integración son las personas las que se tienen que adecuar a los contextos, en cambio desde la Inclusión es el contexto el que tiene que adecuarse a las características de todas y todos”.

En la misma línea, por tanto, son los espacios, las situaciones y el cuerpo social los discapacitantes, no las personas con diferencias biofísicas. “Si fuésemos una comunidad realmente inclusiva, entenderíamos que no hay que hacer una adecuación a las Personas Sordas por ser Personas Sordas, sino en general porque somos todos y todas diferentes, para todos van a haber barreras”, expuso Ojeda.

Hacia un proceso de Inclusión continuo

En el acto también estuvo presente Daniela Zuzarte, profesional a cargo del Programa de Inclusión para Personas en Situación de Discapacidad, componente de la Dirección de Vinculación con el Medio de nuestra Institución. Según su visión, resulta positivo aunar esfuerzos para concretar estrategias de inclusión continua y coherente.

“Tengo la certeza de que, a nivel institucional, el Programa de Inclusión trabaja con una perspectiva de Inclusión Social, enmarcada dentro del enfoque de Derechos. Para ello, la participación es fundamental. Me da la impresión de que PACE tiene las herramientas técnicas para efectivizar esa mirada en términos generales”, afirmó Zuzarte.

Con herramientas técnicas, precisa, se refiere a un conocimiento previo, a un primer acercamiento al estudiantado que desea ingresar a la Educación Superior a través de la estrategia de Preparación en la Enseñanza Media del PACE. “Lo relevante allí es el estar con el otro, levantar la evidencia. Desde ahí emprendemos camino hacia la inclusión efectiva y la justicia educativa, una vez que ingresen a la Universidad”, explicó.
“Nosotros empezamos con una propuesta que tiene que ver con un corte de instalación política y cultural. El PACE viene a dar un tremendo espaldarazo en términos técnicos, están entonces las herramientas necesarias para hacer de la Inclusión una experiencia, dar paso a una posta donde el modelo se implemente a nivel institucional. El tema no termina aquí, luego del acompañamiento en primer año esto debe tener continuidad”, concluyó.

Del dicho al hecho

La inclusión educativa se ha transformado en un desafío transversal para escuelas y universidades y, en ese contexto, se ha convertido en uno de los elementos identitarios más frecuentes en discursos y propuestas. Sin embargo, las cifras a nivel nacional hablan de un panorama radicalmente distinto.

Si bien en agosto de 2008 Congreso Nacional ratificó la Convención de Naciones Unidas Sobre Los Derechos De Las Personas Con Discapacidad, acuerdo que contempla el aseguramiento de un sistema inclusivo de educación en todos los niveles por parte de los Estados firmantes, los números dibujan barreras estructurales que impiden su concreción.

Según estadísticas del Ministerio de Educación, tan solo 12 estudiantes sordos/as ingresaron a la Educación Superior en 2015 (ninguno a la Universidad). El dato se enmarca en una realidad aún más compleja: de acuerdo a datos del Servicio Nacional de Discapacidad (anterior FONADIS), sólo el 8,5% de las personas con discapacidad estudiaba para el año 2004, en contraste con el 27,5% de la población total del país.

Los esfuerzos del Programa PACE-UCSH apuntan a resquebrajar estas barreras hasta derribarlas, impulsando políticas educativas inclusivas donde sean los contextos y las comunidades los que ofrezcan condiciones para que la Educación Superior englobe toda la diversidad de la existencia humana.
En la misma línea, Nieves Hernández, Coordinadora Ejecutiva del Programa PACE de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) quien participó de la Jornada, aseguró que “Queremos construir redes de apoyo para beneficiar a nuestros estudiantes. La finalidad es compartir las buenas prácticas, de tal manera que nos permitamos ir apuntando a beneficiar de mejor manera los jóvenes que son parte del Programa”.

De esta manera, esta jornada nos invita a reflexionar como comunidad respecto de las formas de accesibilidad de las que disponemos en nuestra institución y cuáles son los desafíos que se nos presentan en la actualidad para asegurar la inclusión educativa. ¿Estamos asegurando accesibilidad universal para estudiantes en situación de discapacidad? ¿Hemos logrado asegurar que la Lengua de Señas sea un derecho que permita el aprendizaje en igualdad de condiciones para las Personas Sordas?