A propósito de cambios en el ingreso a Educación Superior para jóvenes egresados de la EMTP

Claudio Bobadilla

Durante el último año hemos conocido detalles del trabajo que el DEMRE de la Universidad de Chile ha estado realizando para superar algunas de las debilidades de la Prueba de Selección Universitaria (PSU). Mediante una nueva batería de instrumentos de evaluación (Matemática, Lectura, Escritura, Ciencias y Habilidades Transversales), el DEMRE propone evaluar un conjunto de competencias que ha estimado fundamentales para un exitoso desempeño de los jóvenes en la educación superior.

En una primera aproximación a dicha propuesta (respecto de la cual no conocemos plazos ni modalidades de implementación), es válido considerar la evaluación de competencias como un avance en la mejora del sistema de admisión a la educación superior porque, desde una perspectiva teórica, este tipo de evaluación permitiría medir un conjunto de habilidades que resultan de un proceso de aprendizaje que ocurre tanto al interior de una sala de clases como fuera de ella.

En consecuencia, este nuevo enfoque evaluativo, la evaluación de competencias ofrecería oportunidades de medir qué saben hacer o, qué son capaces de hacer los jóvenes con el conocimiento que poseen. Y ese conocimiento es concebido como el resultado de un proceso de aprendizaje que ha ocurrido a lo largo de la historia personal de cada uno de ellos, la cual obviamente no es una historia exclusivamente académica.

En este sentido, es posible inferir que la propuesta busca disminuir el carácter discriminatorio que se le ha criticado a la PSU. En esta dirección, este nuevo instrumento de ingreso, podría contribuir a corregir la brecha observada en los puntajes obtenidos en la PSU, entre los estudiantes egresados de la educación media humanista científico (EMHC) y aquellos egresados de la educación media técnico profesional (EMTP) que aspiran acceder a la educación superior. De esta manera, la nueva batería de instrumentos ofrecería una buena oportunidad de beneficiar a los jóvenes egresados de la EMTP, corrigiendo un aspecto técnico elemental de esta evaluación selectiva: la hace más justa. No obstante, los esfuerzos de la EMTP están puestos en el desarrollo de competencias laborales y, con todo, podría haber alguna distorsión en este sentido.

Sin embargo, es necesario calibrar las expectativas de los actores involucrados, especialmente de los jóvenes que actualmente están matriculados en la EMTP, porque hay un conjunto de aspectos estructurales de la educación chilena que un cambio en la prueba de selección a la educación superior no resolverá. Entre ellos, la brecha de calidad en la educación que puede estar a la base de la brecha en el desempeño en la PSU de los estudiantes HC y TP. Entonces, es necesario que haya un trato responsable y cuidadoso de las expectativas de miles de jóvenes para no generar frustración o falsas expectativas.

Las instituciones de educación superior, ¿cómo deberían enfrentar el desafío de disminuir esta brecha y, al mismo tiempo, cumplir con las exigencias impuestas por el sistema nacional de acreditación? La brecha de calidad educacional entre EMHC y EMTP es un nuevo desafío para las instituciones de educación superior. Los esfuerzos que han emprendido en materia de inclusión y equidad en el acceso, podrían hacerse cargo de esto pero, con toda seguridad, es una mirada muy parcial. Al respecto, programas tales como los propedéuticos universitarios o el PACE del Ministerio de Educación, ¿son suficientes para abordar el nuevo escenario?

En relación con esto, durante el mes de agosto recién pasado la Ministra de Educación, Marcela Cubillos, recordaba una vieja recomendación para mejorar la calidad de la EMTP al insistir en que debe mejorarse la vinculación entre las escuelas o liceos técnico profesionales y las empresas que dan vida al medio productivo. Si esta receta es bien llevada a cabo, ¿cuál es el resultado esperado? Lo que sabemos a partir de experiencias exitosas de articulación entre el sistema de educación secundaria técnico profesional y las necesidades del medio productivo local (tal como ocurre en el País Vasco, por ejemplo) es que la solidez de la formación para el empleo es indiscutible. Pero, de cara a la educación superior ¿cómo reaccionaría un estudiante de la EMTP que ha llevado a cabo una formación técnico profesional articulada de forma permanente e inteligente con las empresas al llegar a instituciones de educación superior que aún no aprenden a dialogar de manera eficaz con las empresas?

La ciudadanía ha escuchado a sucesivos gobiernos declarar su interés por dedicarle una mayor atención a la formación técnica profesional. Un pilar fundamental de ese mundo es la educación media técnico profesional y, tal como ocurre con todos los temas relacionados con la educación, la tarea es urgente.

Claudio Bobadilla

Director Escuela de Educación Técnica y Formación Profesional UCSH