Carlos Ábrigo, Coordinador Académico del Instituto Teológico Egidio Viganó, UCSH

Carlos Ábrigo

Coordinador Académico del Instituto Teológico Egidio Viganó, UCSH

A propósito de la educación y de la «Universidad del sentido»

Hace algunas semanas, la UCSH informó a través de su portal, que el Papa Francisco, en el marco del día mundial del medio ambiente, señaló que la educación deberá tener un rol clave en mundo post pandemia.La información agregaba que, mediante una video conferencia organizada por Scholas, el Papa indicó que en esta nueva crisis que hoy enfrenta la humanidad, donde la cultura demostró haber perdido su vitalidad, Scholas aparece “como una comunidad que educa, como una intuición que crece, abre las puertas de la Universidad del sentido. Porque educar es buscar el sentido de las cosas. Es enseñar a buscar el sentido de las cosas”.

Me parece oportuno contribuir con una breve reflexión relativa a la educación en el sentido, considerando que nuestra Universidad se ha constituido como representante de Scholas Ocurrentes en Chile, pero además porque es una buena pista para profundizar en el significado de Desarrollo Humano Integral, como ámbito académico.

Educar en el sentido, implicaría abrira la racionalidad más allá de los límites de la intelectualidadlógica instrumental, reducida a preguntarse por el funcionamiento de la realidad (al qué y al cómo). En mi opinión, a la razón habría que conectarla con la dimensión espiritual-cualitativade lo humano: con la conciencia y la libertad. Tales conexiones -pienso- darían origen a la racionalidad de sentido, que encuentra sustento en el enfoque fenomenológico-trascendental-semiótico. Desde esta consideración, la enseñanza destinada a informar, por ejemplo, sobre el funcionamiento de la vida, tendría que ir asociada (no de manera accidental ni como complemento secundario) con la enseñanza acerca del sentido que ella tiene; lo mismo vale para la muerte, la sexualidad, la política, la economía, etc.

Para explicitar esto, me serviré del valor que tiene el concepto de Palabra en el mundo cultural hebreo (dabar), porque ahí -pienso- pueden encontrarse rutas para comprender el desafío que implicaría educar en el sentido; lo haré teniendo como referente el concepto griego de Palabra(logos), que ha sido, según mi parecer, la plataforma base de los modelos educativos de la modernidad en Occidente. Utilizaré como referente lo que señalaba el teólogo Antonio Bentué sobre la distinción entre logos y dabar ya en 1981 en su libro “La opción creyente”.

En el mundo cultural griego -como he señalado- el término palabra es entendido como logos. En este contexto la palabra está asociada al conocimiento intelectual y es concebida -en consecuencia- como palabra informativa, relacionada con el funcionamiento de la realidad, con su nivel de problematicidadóntica, con el hecho; en este contexto, ella vale por lo que dice, y tendrá mayor o menor valor en la medida que su contenido informativo pueda verificarse de manera empírica o lógica. Por su parte, el oyente de la palabra en sentido griego, asume una actitud pasiva como la más adecuada para captar y retener objetivamente, en su intelecto, toda o la mayor cantidad de información recibida,para luego reproducirla lo más fielmente, en caso que le sea requerida, o para aplicar la información en caso de tener que intervenir objetiva y funcionalmente en algún ámbito de la realidad. En ambos casos, la respuesta del oyente compromete solo a su dimensión intelectual. Eso, hoy, lo hace más eficientemente la inteligencia artificial.

En este ámbito, la palabra informativa se hace confiable al oyente porlo que dice, y después-por consecuencia lógica- en la fuente emisora (por lo que dices confío en ti); sin embargo, el oyente puede dejar de confiar en esa fuente cuando descubre que otra fuente transmite dicha palabra de manera más precisa y apegada a la realidad objetiva, generando el cambio de informante en beneficio del conocimiento intelectual.

En el mundo cultural hebreo, en cambio, el conceptopalabra es traducido con el término dabar. Mediante ella, no se pretende transmitir solo información; su propósito fundamental es interpelar a quienes la oyen; suscitar inquietud existencial. A diferencia del logos griego, el dabarhebreo no adquiere valor por lo que dice, sino por quién lo dice (porque confío en ti, confío en lo que dices). Su afán no radica en responder preguntas desde y hacia la razón intelectual en aras de la información periférica óntica, referidas al nivel de problematicidad de la realidad; más bien busca generar preguntas inquietantes desde y hacia la razón de sentido a fin de establecer una relación con el nivel profundo de la realidad, con su nivel ontológicomistérico, que nos permite señalar, por ejemplo, que Dios, las personas humanas y la Tierra son esencialmente misterio, no problemas agotables en una solución, encapsulados en lenguaje lógico intelectual.

Adentrarse y/o dejarse adentrar por el nivel profundo de la realidad, posibilita la toma de conciencia de sentido, que impulsará al acto de libertad más allá, o a pesar de las demandas de los instintos y/o de la lógica de la razón. Tal acto libre, como respuesta a la interpelación, se fundará en la razón de sentido que compromete a todas las dimensiones de la existencia humana, y no solo a su dimensión instintiva-intelectual.

Asumir el desafío universitario (de manera corresponsable entre el ámbito académico y el de gestión) de establecer una relación armónica entre la razón intelectual y la razón de sentido, puede ser un camino para aportar a la reconciliación social; a la construcción de “un nosotros solidario”; a la reconciliación con la hermana Tierra, y a un auténtico desarrollo humano integral.