A veinte años del cambio de nombre

Sergio Torres, Director de la Dirección de Formación Identitaria de la UCSH, Universidad Católica Silva Henríquez

Han trascurrido 20 años del cambio de nombre de Universidad Católica Blas Cañas a Cardenal Raúl Silva Henríquez. En aquella ocasión, en presencia de las más altas autoridades de la nación y representantes de los diversos sectores de la sociedad de nuestro país, la comunidad universitaria lucía radiante y esperanzada. No fue un menoscabo al origen histórico de nuestra Casa de Estudios, más bien representó la culminación de un proceso que buscaba madurar un proyecto con rasgos que respondiesen a sus orígenes como, asimismo, pertinente a las necesidades de nuestro país, que anhelaba un desarrollo más integral y equitativo, en medio de un lento y complejo proceso de transición democrático. Internamente, atrás quedaban las compresibles inseguridades en algunos ex alumnos del IPES por el cambio de denominación y, también, las resistencias externas de ciertos sectores conservadores al interior de la iglesia, primando el sentido que ese cambio quería expresar: el compromiso por el cultivo de una identidad propia.

Los fuertes cambios culturales que ha vivido nuestra sociedad, así como las nuevas exigencias de la educación superior y, más aún, la grave crisis de credibilidad que viven las instituciones, en particular la iglesia católica, hacen pertinente la pregunta por el sentido y la vigencia de ese cambio, en suma ¿Valió la pena ese gran esfuerzo? ¿Tiene aún vigencia de cara a los retos del futuro de nuestra sociedad?

Es la comunidad universitaria la que debe responder de forma más acabada, yo menciono algunos aspectos que quizás contribuyan al diálogo entre nosotros.

En primer término, conviene destacar que la decisión del cambio de nombre fue un proceso de discernimiento comunitario que se transformó en firme convicción. En efecto, su aprobación en instancias formales estuvo precedida por una suerte de consensus fidelium. A mi modo de ver esto tiene un peso específico, pues la propia comunidad fue quien maduró el sentido de esa denominación. No fue una imposición sino, más bien, un anhelo que se convirtió en un propósito compartido.

Por otra parte, la convicción no giró solo en un reconocimiento lleno de gratitud hacia quién patrocinó y cuidó solícitamente este proyecto en diversos momentos y en un escenario abiertamente adverso. Por cierto, es probable que sin la cercanía de Don Raúl el proyecto hubiese fracasado tempranamente o hubiese sido aún más complejo. Sabemos que él no fue el fundador de este proyecto, pero es claro que tuvo una genuina intención fundacional. No obstante el reconocimiento fue, en última instancia, su propia persona la que dio sentido al cambio: su forma de entender las necesidades sociales y culturales de su pueblo; su modo de vivir la vocación de pastor como servicio; su visión de la educación como promoción y desarrollo integral de los jóvenes, al estilo de Juan Bosco.

Tal vez hoy, alguno se pregunte por el sentido presente del nombre de esta universidad ¿Tiene aún vigencia, o bien, es una denominación que responde a otros tiempos? Mi respuesta no es absoluta, sino condicionada. Portar institucionalmente el nombre de una persona –varón o mujer- no puede fundarse en sutiles procesos de idealización que terminan falseando el aporte que las personas pueden realizar en su historia, sin eludir la propia contingencia. A su vez, llevar el nombre del Cardenal Silva Henríquez pudiese ser un estímulo para cultivar una forma de entender el desarrollo al cual nuestro país aspira y al cual una universidad debe servir desde su propia naturaleza; una manera de relacionarnos y hacer las cosas en respeto a la dignidad de cada uno; un compromiso decidido por la necesaria renovación eclesial; un estilo educativo que promueve y busca el desarrollo pleno de cada cual y en todas sus dimensiones. Entonces, y en la medida que el nombre no sea una evocación formal sino, por el contrario, una memoria proactiva, y sin falsas idealizaciones, el nombre de Don Raúl sigue teniendo un sentido que estimula los desafíos que hoy vive nuestra sociedad a la cual queremos servir desde nuestra identidad universitaria específica.

Sergio Torres
Director de la Dirección de Formación Identitaria 
Universidad Católica Silva Henríquez