Pilar Gómez Ortega, académica Escuela de Educación en Castellano UCSH

Pilar Gómez

Académica Escuela de Educación en Castellano UCSH

Alumnos de Inicio y su experiencia en el arte de hablar en público

Hablar en público es un ejercicio complejo y para los alumnos que ingresan a la educación superior es un desafío con el que deben lidiar constantemente, sobre todo, cuando no se trae una buena base desde la enseñanza secundaria que, por cierto, hace bastante tiempo dejó de hacerse cargo de cubrir, de manera exhaustiva, el ámbito de la oralidad y escritura en los estudiantes. Las pruebas estandarizadas han tomado un fuerte protagonismo, ya que un gran porcentaje de las evaluaciones gira en torno al SIMCE y la desaparecida PSU, actual Prueba de Transición, como si las habilidades comunicativas de tipo oral no tuviesen una gran importancia para hablar en público y desenvolverse cotidianamente. Sin embargo, sería irresponsable no reconocer que aún quedan unos pocos colegas que mantienen el romanticismo de generar instancias de redacción de algún tipo textual, o bien, evaluar una que otra presentación, aunque las máximas de la gran mayoría de los establecimientos continúen apuntando a la búsqueda, de la tan deseada, excelencia académica.

Vamos al momento uno. El alumno o alumna pasa adelante (por lo general no de forma voluntaria) y comienza el flagelo corporal, sin antes emitir expresiones como, Profe, estoy nervioso; Profe ¿puedo comenzar de nuevo? acompañado por supuesto, de movimientos estereotipados que dan a conocer que, efectivamente, no se siente para nada cómodo, incluso, en más de alguna ocasión hemos escuchado un Profe, póngame el uno, no voy a presentar. Estas consecuencias, producto de la ansiedad, los nervios y de la falta de experiencia casi absoluta, suelen ser una problemática constante para quienes estamos desde la otra vereda. Debemos tener claro que los estudiantes llegan con la costumbre de exponer al docente, pues él es quien asigna una calificación, por lo tanto, anulan al resto de los oyentes, acción que también les acomoda, ya que no se sienten intimidados con sus miradas y, justamente, esta conducta es la que no les permite avanzar. Ahora bien, ¿cuál es nuestra reacción a estas conductas manifestadas por los estudiantes? Asumimos que leerá, repetirá apuntes e información memorizada o no expondrá y pondremos la calificación mínima; no nos hacemos cargo de aquellos a quienes les cuesta y les toma tiempo adaptarse a la situación e, incluso, no ensayaron previamente. Estos problemas son los que abundan en las aulas universitarias.

Es necesario señalar que los profesores dejamos de tener un rol protagónico en el aula, ya es sabido que somos facilitadores del aprendizaje. ¿Qué hacer entonces, con este temor a hablar en público? Lo primero es identificar las debilidades, como por ejemplo: alterar la respiración, sonrojarse, sudar y no saber dónde ubicar las manos; canalizar la mirada directa al docente, al suelo, al techo, alguna ventana, o bien, a perderse en sus apuntes escritos; se quedan en un punto fijo, sin hacer uso del espacio, no existen los desplazamientos; tensionan el rostro, por lo que puede haber exceso de risa o neutralidad absoluta. Por otra parte, en algunos casos aparecen muletillas corporales, tan llamativas, como presionar con los dedos la punta de la nariz o tocan, constantemente, el lóbulo de la oreja. Además de estas debilidades propias de la comunicación no verbal, están los elementos paraverbales de la comunicación, como el uso de las variables de emisión de la voz (volumen, tono y ritmo), los alumnos con los nervios olvidan generar mixtura entre estos matices y por lo general, emiten un discurso plano y con mucha velocidad, a veces emplean un volumen bajo y tono neutro, sin emotividad que termina por aburrir a los oyentes.

¿Cuál es nuestro rol ante este tipo de escenario? ¿Qué podemos hacer para fortalecer la comunicación oral ante audiencia? Si queremos realmente tener alumnos que disfruten hablando adelante y pretendemos ayudarlos a eliminar ese sufrimiento, podemos comenzar por entregar algunas herramientas y, así, salir exitosos de este tipo de actividades. Expliquemos que un orador por muy erudito que sea, si no mezcla los matices de la voz y no hace un trabajo de rostro a conciencia, no logrará llegar a ninguno de sus oyentes y terminará con la sala vacía. Por otra parte, para lograr un primer acercamiento desde nuestro rol, podemos generar confianza, comodidad y seguridad, solo con el hecho de sonreír de vez en cuando, mientras hacen su presentación; jamás ignorar o usar una mirada atemorizante, recordemos que esos tiempos ya pasaron. No interrumpir mientras exponen e instaurar la misma conducta en el resto del alumnado. Otro punto importante es incorporar dentro de sus rúbricas de evaluación, criterios que ayuden a fomentar el arte del buen hablar, por ejemplo, evaluar el uso del espacio, mirada a la audiencia y mixtura de los matices de la voz, puesto que estos son los elementos que más cuesta desarrollar en el área de la Comunicación Oral. Por último, si nota que alguno de sus estudiantes está muy nervioso, sugiera el uso de algún elemento para que presione, puede ser incluso, un lápiz, pero cuidado, que rápidamente se  convertirá en un elemento distractor si quita constantemente la tapa.

Para finalizar, los invito a evocar nuestra propia formación, muchos aprendimos a tener dominio de una audiencia recién al realizar la práctica profesional y las escasas disertaciones que podíamos hacer durante el pregrado, pero insisto… eran otros tiempos… donde, eran las competencias disciplinares las que tomaban el protagonismo, mientras las habilidades blandas pasaban a un segundo plano, sin embargo, si nos damos el tiempo de revisar los requisitos para asumir algún cargo nos daremos cuenta que son, justamente, estas habilidades blandas las más cotizadas por el mercado laboral. Es cierto, enseñar a hablar en público es un proceso subjetivo, pues se debe indagar en las debilidades del alumnado, de forma individual y más de alguno de ustedes, puede pensar que es mejor recomendar algún tutorial de Youtube, pero no, no es lo mismo, el hecho de que un profesor empatice, aconseje y guíe a sus estudiantes, esa acción no tiene comparación.