Caritas In Veritate, la búsqueda del equilibrio espiritual y económico

Nello Gargiulo Secretario de la Fundación Cardenal Raúl Silva Henríquez.

Un 29 de junio del año 2009, el Papa Benedicto XVI, promulgaba la Caritas in Veritate, la primera Encíclica Social del siglo XXI, la cual tuvo un gran impacto en el mundo, no solo en el ámbito religioso, sino también, en lo económico-social, pues en aquel tiempo se sufría los efectos de una recesión económica que si bien tuvo su génesis en Estados Unidos, se expandió rápidamente a otros continentes, afectando en su mayoría a los estratos sociales más bajos.

Entre los principales factores que se atribuyen como causas de la crisis que comenzara el 2008, se encuentran los fallos de una regulación económica que aún necesita de reglas más planetarias y menos de proteccionismos locales, además de la sobre valorización Crediticia-hipotecaria y de confianza en los mercados. Ante este panorama, la Encíclica Caritas in Veritate, fue valorada como un documento que ayudó a comprender los motivos que desencadenaron la crisis y a su vez despertó el replanteamiento hacia una economía más humana y moderna. 

Diez años después, caben algunas legítimas interrogantes, con la finalidad de comprender los avances que se han logrado bajo esta nueva perspectiva enfocada al desarrollo humano integral, donde todos los sectores de la sociedad son interpelados a responder ¿cuánto hemos aprendido de aquella crisis?

El carácter social mencionado por el Papa Benedicto en su Encíclica nos llama a reflexionar sobre si realmente trabajamos lo suficiente por superar la actual cultura del individualismo y del consumismo o si en vez de ello, ponemos atención a los valores del espíritu con una apertura a las necesidades de los que pasan o viven a nuestro lado. Si es así, vale preguntarse ¿en qué medida logramos ser alivio y solución a los problemas de otros? 

La solidaridad no es solo un compromiso personal; es un principio de la convivencia y cohesión social que pertenece también a la política que para   asegurar el bien común debe orientarse en las leyes que se proponen y se aprueban, las que deben estar en sintonía con el bien de las personas y de las comunidades.

La economía y la empresa tal vez sean los sectores que más están al debe en los planteamientos la Encíclica, cuando el Papa se dirige de una manera especial a los economistas y a los empresarios invitándolos a pensar modelos de desarrollo económicos que tengan su centralidad en el trabajo y la dignidad de toda persona humana, ya que la empresa no solo debe medirse en la búsqueda de los buenos resultados, sino también debe dar una centralidad al desarrollo del entorno y de las familias de los mismos trabajadores.

Por su parte, los centros de formación teológica son lugares idóneos para promover una cultura que integra investigaciones con la convivencia fraterna, es así que una buena pregunta sería si ¿la cultura del Don y de la Gratuidad, son parte viva de los estudios que se promueven y de la enseñanza que se ejerce? Pues la misma enseñanza de la Religión hoy más que nunca necesita revitalizarse con entusiasmo; convicciones y testimonios que abran la mente y corazón de los jóvenes en la alegría de la Fe que ilumina el desarrollo de la vida humana. Aquí no es suficiente solo reformar los programas, es necesario pensar formas y ambientes para formar educadores en la Fe que lleven en si el testimonio del anuncio  y la capacidad de integrar la dimensión de la Fe que ilumina las realidades humanas con la razón que pregunta y espera respuestas.

Ante esto último, el Papa Francisco, nos abre la puerta al debate con dos grandes acontecimientos muy ligados al tema que hoy nos convoca: un Sínodo sobre los grandes problemas de la Amazonia y un gran Encuentro de Jóvenes y Economista, justamente para repensar con nuevas categorías la ciencia económica. Ambas instancias tienen una raíz ‘’Eco”, la primera se relación con la casa que habitamos (la Ecología) y la segunda con la Ciencia Económica que nos relaciona en como concretamente se deberían administrar las recursos para que “TODOS”  tengan la oportunidad de progresar a partir de los niveles de  educación inclusivos y no excluyentes.

En Chile también las tareas serían convocar, pensar, dialogar y aportar. Tal vez no es menor lo que podemos exigirnos cuando todos reclamamos una sociedad con mayores niveles de estabilidad socio-económicos, pero desde algún punto debemos partir para lograr el crecimiento  espiritual y una cultura del bien común. 

Nello Gargiulo

Secretario Ejecutivo de la Fundación Cardenal Raúl Silva Henríquez.