Coronavirus: Del pánico inicial a una oportunidad de cambios.

Eduardo Gallegos y Cristián Gutiérrez, académicos de la Escuela de Administración y Economía UCSH

El virus COV-19 o más conocido como “Coronavirus” ha resultado ser una muestra de globalización. Desde su estallido en diciembre del 2019 en China, se ha transformado en una enfermedad que ya recorre 86 países en el mundo. Sin embargo, no es la primera vez que un virus de este tipo causa problemas, ya que lo antecede el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS por sus siglas en inglés) y el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS), los cuales junto al Coronavirus pueden generan infecciones respiratorias leves, como un resfriado común, o complicaciones más graves, que pueden producir la muerte. En el caso del COV-19, los estudios señalan que pese a su alta tasa de contagio su tasa de mortalidad es más baja que la de sus predecesores.

Según el cuadragésimo octavo reporte del Coronavirus a nivel mundial, realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 8 de marzo del 2020, el número de casos confirmados asciende a 105.586, de los cuales el 76,6% se produjeron en China, mientras que el resto de los casos se distribuyen entre 85 países. En China, el número de fallecidos es de 3.100 personas que equivale al 3,83% de los casos, mientras que en el resto del planeta las muertes ascienden a 484, equivalente al 1,96% de los contagiados.

Las respuestas de los sistemas de salud de aquellas zonas del planeta más afectadas han sido bastante drásticas, con cuarentenas y aislamientos masivos, como sucede con la provincia China de Wuhan y la región italiana de Lombardía, en esta última ad portas de anunciar el mayor aislamiento de Europa con unos 16 millones de personas en cuarentena. Si estas medidas se expanden por el mundo se acentuarían los problemas de libre movilidad de factores productivos producida por la actual disputa geopolítica que está limitando la libre movilidad del capital, como por ejemplo la guerra comercial China-EE.UU. y el Brexit en Inglaterra; y la libre movilidad del trabajo producto del endurecimiento de las políticas migratorias.

La situación en Chile se ha trasformado en una noticia bastante mediática desde el pasado 3 de marzo, día en que se alertara el primer caso de Coronavirus. Esto se enmarca a su vez, en un momento histórico para nuestro país, ya que se está a las puertas de decisiones que pueden traer importantes cambios en lo económico, político y social.

Es indudable que en este contexto, plantear medidas para detener la propagación del virus, como cuarentenas o vigilancia epidemiológica en los hogares, traería impacto en una actividad económica nacional ya resentida, principalmente por un menor crecimiento de potencias como China (principal importador de nuestros productos) y por los efectos del estallido social.

Sin embargo, si la propagación del virus se torna exponencial, es un hecho que las empresas, universidades y escuelas tendrán que poner a prueba toda su infraestructura tecnológica y su cultura organizacional para plantear alternativas como el trabajo a distancia y el teletrabajo, que sin duda será un desafío no menor para nuestra sociedad, pero a la vez una tremenda oportunidad para avanzar hacia marcos laborales flexibles con amplio uso de entornos virtuales. En este sentido, no solo se requiere buena conexión a internet y el uso intensivo de tecnología, también valores y actitudes hacia el trabajo, como proactividad y autorregulación, de las cuales desconocemos su real desarrollo y penetración en nuestras organizaciones.

Si nuestras empresas logran transformar esta crisis en oportunidad, promoviendo y facilitando el trabajo a distancia, estaríamos adelantando un fenómeno que en prospectiva puede ayudarnos a dar un salto cualitativo, no menor, en nuestra productividad, que es una de las variables más importantes -aunque no la única- para alcanzar nuevos estadios de desarrollo económico y social, pero que en Chile sigue siendo baja, de hecho, es el quinto país con menor productividad de la OCDE.

En definitiva, lo que está claro dado el contexto en el que nos encontramos, es que el país no puede detener su actividad económica, ni menos sus desafíos de cambio social cayendo presa del pánico, más bien debe ser el momento de poner a prueba nuestro sistema de salud y aprovechar las oportunidades que puedan venir de esta crisis sanitaria, en especial las relacionadas al mundo del trabajo y el uso de la tecnología, donde toma relevancia el Plan de Acción 2019-2022 firmado con China, donde se establece cooperación tecnológica y en especifico en la red 5G.

Eduardo Gallegos y Cristián Gutiérrez

Académicos, Escuela de Administración y Economía UCSH