El cerebro está en nuestras manos: aprendiendo a aprender

Norton Contreras Paredes

El funcionamiento del cerebro ha captado el interés de muchos científicos a lo largo de la historia. Se ha avanzado ostensiblemente al respecto, con descubrimientos verdaderamente extraordinarios y cada vez la Neurociencia ha logrado descifrar muchos enigmas en torno a su fisiología y morfología.

El cerebro es un órgano moldeable a través de la experiencia y se encuentra en permanente cambio. Pensemos en un ejemplo concreto: si tomásemos en nuestras manos un trozo de plasticina, tendremos la capacidad de otorgarle la forma que más nos guste. El cerebro funciona de este modo. Las diversas experiencias a las que nos vemos expuestos en nuestro diario vivir, tanto cognitivas como emocionales, desde la conversación más sencilla hasta la resolución de un complejo problema matemático generan cambios en las conexiones neuronales, ya sea a partir de la generación de conexiones nuevas (sinaptogénesis), el debilitamiento o eliminación de las ya existentes o el nacimiento de nuevas neuronas (neurogénesis) dan paso a lo que se conoce como plasticidad neuronal o neuroplasticidad. Gracias a este fenómeno podemos decir que cada cerebro es único e irrepetible y, lo que es más relevante aún: el individuo es capaz de aprender durante toda la vida.

Dicho esto, surgen importantes interrogantes: ¿Qué es lo necesario para que el individuo logre aprender? ¿Cómo se logra que la compleja maquinaria neuronal existente en el cerebro se ponga en marcha para efectuar este proceso? Existe la errónea creencia de que la constante y sistemática repetición de datos e información es una buena manera de lograr estos objetivos, pero lo cierto es que el cerebro logra realizar mejor su trabajo si a dicho proceso se le agregan importantes factores como la emoción, la novedad, la motivación, entre muchos otros.

El cerebro necesita de la emoción para poder aprender. No se logra este objetivo con la mera memorización de datos, sino que esencialmente a través de la experimentación personal y con el hecho de transformarse en un ente activo en la adquisición del conocimiento.

A continuación, se exponen una serie de propuestas útiles para favorecer el proceso de aprendizaje basado en una perspectiva neurocientífica, no solo dentro del aula, sino también para poner en práctica los conocimientos adquiridos en la vida cotidiana:

  • Los estímulos visuales son mejor valorados por el cerebro que una serie de palabras

Tal como se expuso anteriormente, el cerebro aprende basándose en la novedad. El hecho de reemplazar el tradicional discurso oral único y apoyarlo con imágenes, videos, mapas conceptuales, esquemas, entre otras modalidades similares otorga una mejor experiencia de aprendizaje.

  • Dormir bien: un buen aliado del aprendizaje

Está demostrado que las conexiones neuronales se fortalecen durante el sueño y que lo aprendido durante el día se consolida mejor durante el descanso nocturno. No es muy recomendable ver la televisión, utilizar videojuegos o el uso de pantallas en general antes de dormir debido a que generan elevados niveles de alerta en el sistema nervioso, exacerbando los procesos de vigilia e impidiendo lograr un descanso adecuado. Con ello, al día siguiente, los niveles de alerta del organismo se verán reducidos y las funciones cognitivas relacionadas con el proceso de aprendizaje se verán mermadas.

  • El cerebro necesita de las emociones

La Neurociencia explica este fenómeno exponiendo que la emoción y la cognición se encuentran íntimamente relacionadas tanto en su función como en el correlato neuronal que las sustenta. La información que procesamos efectúa su tránsito, en primer lugar, hacia el sistema límbico, puntualmente en una estructura llamada amígdala para, posteriormente, llegar a zonas como el hipocampo y la corteza cerebral para su consolidación. Una forma efectiva para lograr esta activación consiste en el relato de historias con un alto contenido emocional. Vincular los contenidos de aprendizaje a dichas historias favorece la activación de los circuitos neurales involucrados en la emoción.

  • El cerebro trabaja mejor de la mano de un ambiente adecuado

Es muy común que existan factores ambientales que repercuten negativamente en el aprendizaje. Es aconsejable siempre realizar nuestras actividades académicas, idealmente, en lugares con una adecuada iluminación, temperatura y ventilación. Con ello favoreceremos el aporte de oxígeno a nuestro cerebro, impactando positivamente en el flujo de información a través de las redes neuronales y generando un óptimo funcionamiento de nuestra cognición dando paso a un correcto proceso de aprendizaje.

Está en nuestras manos aprender más y mejor y mantener nuestro cerebro saludable y activo. Cuidémoslo.

“El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender”

Plutarco

 

Norton Contreras Paredes

Académico y mentor PACE