Víctor Martínez Gutiérrez, académico Escuela de Pedagogía Educación Básica UCSH

Víctor Martínez Gutiérrez

Académico Escuela de Pedagogía Educación Básica UCSH

El efecto Pigmalión: las realidades potenciales en la educación a distancia

Para nadie es asombroso que a los procesos en la vida que uno pone energías o empeño funcionan mejor, ya que nuestros intereses y energías están puestos de forma positiva para que esos procesos funcionen. En educación ese interés especial, ese empeño que se podría colocar en algún proceso de aprendizaje, se materializa de forma especial o en mayor medida. El efecto Pigmalión se refiere específicamente a que las preconcepciones que tengamos en algún proceso o área de trabajo se verán finalmente realizadas y se materializarán en este aspecto de nuestras vidas.

De modo que, si nosotros como aprendices, no nos colocamos a aprender y estudiar con desinterés y “sabemos” que no aprenderemos en una u otra actividad, es muy probable que no aprendamos. Ir contra las preconcepciones y las creencias previas en educación es extremadamente difícil, si una persona se “sabe” mala en matemáticas, por ejemplo, es muy probable que obtenga resultados con menor desempeño que en las áreas que se considera experto o que tiene mayor predisposición a aprender. Y esto va más allá de las habilidades o inteligencias de las áreas del conocimiento que podamos tener, como planteó en los años ochenta, Howard Gardner, respecto a que tenemos efectivamente más capacidades o inteligencias como humanos en un área que en otra.

Pero, finalmente, si no queremos aprender, no aprenderemos. Si no colocamos nuestro empeño en ampliar nuestro conocimiento o habilidades en un área u otra, no lograremos aprender. Es simple, si yo, como estudiante, sé que no aprenderé nada con un profesor o profesora es muy probable que no aprenda, si sé que las clases en línea de alguien no valen la pena para estar conectado sincrónicamente, o que no es necesario estar atento en la “lección” de esa actividad de enseñanza, es altamente probable que no aprenda y que me termine distrayendo en las millones de actividades más interesantes que podríamos hacer, más que perder tiempo en clases.

Y como docentes esto funciona de la misma manera y podría ser más complejo todavía. Si yo estoy convencido de que un curso u otro no aprenderá, es factible que ese curso aprenda menos que lo que podría llegar a aprender en el potencial máximo de mi interés y dedicación como docente. Si yo estuviera convencido que las clases en línea no sirven y que no se puede aprender de forma telemática, es posible que mis cursos no aprendan. No olvidemos que esto de aprender y estudiar solos en casa no es algo nuevo, desde hace más de sesenta años existen los audiolibros, hace siglos que existen las enciclopedias y las institutrices que hacían clases a personas que no interactuaban con sus pares para aprender.

Bueno, son otros tiempos, las competencias de antes no son las que esperamos de nuestros estudiantes, pero de todos modos es poder poner interés y energías en nuestros procesos de enseñanza o aprendizaje, harán que nuestro desempeño sea mayor, el poder apostar por el saber ser, saber hacer y saber conocer individual o colectivamente hará que todo mejore y sobre todo ahora que estamos prontos a cerrar este semestre y este año que nos tiene desafiados como comunidad y humanidad.