Mauricio Arce Argomedo, Académico Escuela de Educación en Historia y Geografía

Mauricio Arce Argomedo

Académico Escuela de Educación en Historia y Geografía UCSH

En la mesa sí se habla de política

“No se habla de política en la mesa”. Esta lapidaria frase, tan presente en la cotidianeidad de cientos de familias chilenas, ha marcado por mucho tiempo los límites de lo que se puede o no conversar al interior de los hogares, dejando de lado aquellos temas de debate público que pudiesen generar algún conflicto o quiebre familiar. En algunos casos, pese al carácter taxativo que tiene esta frase, no faltaba el pariente insistente y polémico, muchas veces más joven, que persistía en poner temas políticos en el centro de la conversación, consiguiendo solo el rechazo o la molestia de los demás comensales: “no hables de lo que no sabes” o “cuando seas grande, vas a poder ir a votar y ahí vas a poder opinar”.

Esta cultura familiar de la no conversación acerca de lo público, de lo que queremos ser como sociedad, es en parte responsable de la actual crisis político y social que vive nuestro país, pues ¿Cómo podemos construir un proyecto común de sociedad si no hablamos de él? ¿Cómo podemos mejorar la calidad de nuestra vida pública y de las instituciones políticas que nos gobiernan si tocar el tema pareciera estar vedado en muchos hogares? La falta de deliberación política en la vida cotidiana ha hecho que las y los chilenos, en términos generales, nos aisláramos de la discusión pública, dejando que ese espacio fuera ocupado por unos pocos, que a través de sus “cocinas” y acuerdos entre cuatro paredes, se fueron encargando de tomar decisiones que nos afectan a todos, pero alejados del escrutinio público.

Ad portas de uno de los procesos eleccionarios y políticos más relevantes de nuestra historia reciente, es imperioso superar esta mirada tan fuertemente arraigada en la sociedad chilena neoliberal de que la discusión sobre política no debe entrar a la intimidad de nuestras casas, pues solo genera polémica y conflicto. Hoy, más que nunca, necesitamos reinstalar la dimensión política y pública en nuestra vida cotidiana y hablar al interior de nuestras familias acerca del país que queremos y soñamos, confrontando de forma respetuosa y democrática las diferentes ideas que tengamos acerca del futuro de la sociedad chilena. Hablar de política al interior del núcleo familiar entonces no es solo hablar de lo que hace o no la clase política, sino que implica discutir acerca de cómo nos relacionamos y como vivimos en sociedad, cuáles son los canales de participación que queremos tener o las normas de convivencia que nos vamos a dar para vivir juntos, entre otros temas.

Por eso, necesitamos que la mesa familiar se convierta en un espacio que acoja la conversación y el debate democrático, sin que se eso conlleve la ruptura o el enojo, la imposición o anulación de ideas diferentes. Hablar de política en la mesa familiar no puede seguir siendo un tema tabú, pues necesitamos que todas las voces, incluida la de niñas, niños y adolescentes, formen parte del debate que se inicia con la elección de los miembros de la convención constituyente, de modo que desde la cotidianeidad de la conversación familiar nos sintamos invitados a participar e involucrarnos en las discusiones acerca de lo que queremos ser como país y como sociedad, a reencontrarnos con el otro y a pensar juntos un futuro mejor.