Emilio Rodríguez Macayo, Director Escuela de Educación Diferencial UCSH

Emilio Rodríguez Macayo

Director Escuela de Educación Diferencial UCSH

En relación con la VII Versión de la Semana de la Diversidad y la Inclusión 2020

Durante los días 27 al 30 de octubre pudimos asistir a la VII Versión de la Semana de la Diversidad y la Inclusión.  Una semana en la que los expositores y expositoras nos han dejado interesantes reflexiones y muchos desafíos. Desafíos de los cuales destaco el cómo avanzar hacia la generación de un trabajo en comunidad. De cómo los integrantes de una comunidad deben sentirse parte de esa comunidad porque el resto de los integrantes le hacen sentirse parte de esa comunidad.

Y es aquí donde cobran fuerza ciertos principios universales, por ejemplo, la dignidad. Existen segmentos de esa comunidad que, históricamente, vienen solicitando un trato digno porque viven situaciones que no a otros les gustarían vivirlas, situaciones que los perjudican más que los benefician, donde los beneficiados son unos pocos y más encima atienden a sus propios intereses personales. Porque cada quien no está recibiendo lo que realmente necesita. Es decir, existen segmentos de esa comunidad que se sienten excluidos, vulnerados, con falta de tolerancia, deprivados, no valorados, no aceptados. La Red de Familias Líderes de Latinoamérica y el Caribe de niños, niñas y jóvenes en condición de discapacidades múltiples nos dejó un testimonio de perseverancia en la lucha por un trato digno porque sus hijos e hijas son iguales a todas las personas en dignidad. Al igual que nos mostraron los estudiantes de nuestra universidad que desarrollan programas apoyados desde la Unidad de Vinculación con el Medio, en distintos contextos con segmentos de la población que demandas un trato digno.

Continúo con el principio de valorar a “un” otro, y como esto implica acercarse a “un” otro, conocerlo, escucharlo, valorarlo y darnos el lujo de aprender unos de otros en comunidad. Alberto Moreno Doña, nos invita a “disoñar” una escuela entendida como una comunidad donde se ponen en juego estos y muchos otros principios. Pensar en esa escuela que queremos, una escuela donde el jugar y el danzar es constitutivo de lo humano; Una escuela donde comer juntos; Una escuela autónoma con capacidad de generar los propios proyectos educativos y políticos; Una escuela donde se legitimemos el relatar y el relatarnos; Una escuela que termine con la dicotomía de humor con la seriedad; Una escuela donde simplemente “estar”.

Una escuela, tal y como nos planeaba Rodolfo Bächler Silva, desde un enfoque intuitivo y no dualista, donde el conocimiento no esté en la cabeza, que se construya de abajo hacia arriba. Porque cuando se construye en esta dirección logramos mantener la motivación, el placer por aprender, concebir el aprendizaje como investigación, como un proceso.

Una escuela donde de una vez por todas los verdaderos protagonistas del aprendizaje se visibilicen y sean partícipes de las decisiones. Estoy hablando de todos los y las estudiantes, de todos los profesores y profesoras y todas las familias

Estoy convencido que cuando todos nos sentimos parte de esa esa comunidad cuando todos nos sentimos protagonistas las relaciones que se establecen en esa comunidad se transforman en un ambiente grato. Un ambiente que humaniza, un ambiente que permite generar aprendizaje en distintos contextos educativos como por ejemplo los contextos educativos hospitalarios, donde la Mesa de Coloquio en esta temática nos mostró la importancia del trabajo de colaboración con sentido que se implementa entre los profesionales de la salud y profesionales de la educación. Un espacio donde también se requiere de los principios de igualdad de oportunidades, la flexibilidad, el desarrollo individual y la comprensión. Un espacio que requiere del aporte de todos y todas, cada uno desde sus disciplinas en pro del bienestar y del aprendizaje de los niños, niñas y jóvenes hospitalizados.

Pero situándome en el contexto universitario en el que estamos, me sigo preguntando si es que estamos haciendo lo correcto, me explico ¿Estamos enfrentando los procesos de formación de los futuros profesores y profesoras atendiendo a todas las demandas existentes en las comunidades educativas actuales? ¿Estamos siendo capaces de formar profesores y profesoras sensibles ante la diversidad en el aula y con capacidades profesionales para adecuar la enseñanza a ésta? Creo que tenemos un camino por delante no menor un camino que nos conduzca a estas comunidades educativas donde todos y todas son y se sienten protagonistas de su aprendizaje. Comunidades educativas inclusivas.

Y para avanzar en este camino, sumándome a las palabras del Decano de la Facultad de Educación, se hace necesario una resignificación de la profesión docente y llevar a cabo cambios sustantivos en los modelos y currículo de formación inicial. En este sentido, los procesos de formación inicial docente, deben contemplar la inclusión y la educación de la diversidad como un eje transversal, con estrategias de enseñanza y evaluación tendientes a desarrollar competencias asociadas al trabajo colaborativo, la codocencia y la planificación diversificada.

No quisiera olvidar el convencimiento de la Dra. Francisca González Gil, en relación a que si seguimos hablando de educación inclusiva obedece al hecho de que aún en las comunidades educativas existe un segmento de los y las estudiantes que no están recibiendo los recursos educativos necesarios para que puedan acceder a la participación y el aprendizaje.

Finalizo, agradeciendo a todas y todos los que aceptasteis nuestra invitación para encontremos en un espacio virtual para compartir, reflexionar y dialogar en torno a temas que robustezcan nuestras creencias, valores y actitudes frente a la inclusión, principalmente en los espacios educativos.

Escuela de Educación Diferencial

Universidad Católica Silva Henríquez