Dr. Cristián Gutiérrez Rojas, Director, Escuela de Administración y Economía UCSH

Cristián Gutiérrez

Director Escuela de Administración y Economía UCSH

Evaluación económica del 2020: la crisis como ocasión de proyectar de un modo nuevo

A estas alturas del año es costumbre que los principales analistas de la plaza comenten lo mejor y lo peor de la temporada que termina, y proyecten la que viene. Sin embargo, esta vez el momento es especial.

No podemos olvidar los más de 20 mil fallecidos producto de la pandemia de la Covid-19 solo en nuestro país, y las penurias económicas que miles de familias han vivido este año. La crisis económica ha sido brutal, la destrucción de empleo y la quiebra de pequeñas y medianas empresas aún no se dimensionan en su total magnitud. Los economistas acostumbrados a crisis de origen financiero y especulativo hoy están perplejos ante una crisis de naturaleza totalmente distinta, una crisis real, donde no se han provocado problemas en los mercados si no que en la práctica estos han desaparecido en muchos sectores producto de la no interacción entre demanda y oferta.

Para peor hoy los costos de la crisis lo están pagando las trabajadoras, los trabajadores y los microempresarios de diferentes maneras: pérdida de empleo, cierre de pequeños negocios o desvalorización de su capital, reducción de sus cuentas del seguro de desempleo, reducción de sus cuentas previsionales individuales, etc. Me temo que pese a las cifras macroeconómicas positivas que puedan darse en el mediano plazo, la salida de la crisis será lenta, muy costosa y con impactos de gran alcance en el tiempo.

Por otro lado, es difícil prever que sucederá en el mercado laboral, ya que muchas empresas ante las medidas de confinamiento han automatizado muchos procesos y se van a generar cambios en la estructura productiva. Por lo tanto, va a ser complejo absorber a los 2,5 millones de personas que hoy se encuentran desempleadas. De esta manera se requerirán sí o sí políticas públicas de capacitación y digitalización masiva para la fuerza laboral; se debe lograr que el trabajo sea cada vez más productivo y complementario al capital y no sea sustituido por máquinas.

Respecto a las proyecciones del 2021, estas apuntan, en un escenario optimista, es decir, con una vacuna disponible para amplios sectores de la población a partir del segundo semestre del próximo año, a que en términos generales la economía debería crecer en torno a un 5% (CEPAL) (5,5-6,5% según Banco Central), guiada especialmente por un aumento de las exportaciones. La gran duda es cuanto de esto se trasladará al mercado interno y cómo se modificará la estructura productiva post pandemia.

Pero, en lo que no hay duda, es que se van a requerir importantes políticas económicas porque la historia nos enseña que los efectos de las crisis post epidémicas persisten durante mucho tiempo, incluso décadas, afectando profundamente la estructura social. Sin embargo, a diferencia de crisis sanitarias anteriores donde se destruía la capacidad de trabajo haciéndolo escaso por la alta mortandad de personas, pero no así al capital cuyos materiales quedaban ociosos, en esta crisis las sociedades han priorizado el salvar vidas y con ello se ha provocado la quiebra parcial del tejido productivo, con lo que ahora no solo hay sobreabundancia de capital sino también de trabajo. Además, la economía moderna es mucho más compleja, abierta al mundo y a sus instituciones nacionales e internacionales. Ese es el desafío inédito con el que nos enfrentamos ahora con la crisis de la Covid.

Más allá de lo anterior, la gran consecuencia de esta crisis en materia económica será el desarrollar en las organizaciones la capacidad de gestión ante escenarios de alta incertidumbre. En definitiva qué tan capaces seremos de enfrentar las próximas crisis, en particular la climática, y los desafíos asociados a los crecientes flujos migratorios, la redefinición del Estado en materia económica, la vuelta al multilateralismo con el cambio de gobierno en los Estados Unidos, el fortalecimiento del tercer sector, la necesaria participación de la mujer en la economía formal, la automatización y la brecha de productividad, la incorporación de la dimensión ética y solidaria en nuestras relaciones e instituciones económicas, nuestra diversificación productiva, la necesidad creciente por una renta básica universal, y la tan necesaria democratización de nuestra economía.

En fin, como lo indica el Papa Benedicto XVI en la encíclica Caritas in Veritate, «La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo.”