Formación valórica y crisis institucional en los establecimientos educativos

Pablo Solorzano

Desde hace unas décadas los aprendizajes en valores han sido explícitamente tratados en el currículo chileno, se fomenta así con distintas nomenclaturas en el desarrollo integral de los estudiantes. En la década de los 90’ se denominaron Objetivos Fundamentales Transversales, hoy si bien se mantienen tratados fundamentalmente a nivel de las bases curriculares, se fomentan también por medio de planes estratégicos denominados de convivencia escolar o de formación ciudadana. A pesar de tanto empeño, la credibilidad de las instituciones a nivel general decae en los últimos años, lo cual no es ajeno de las escuelas y liceos de Chile, cuestión que se evidencia en las distintas formas de agresiones entre los actores escolares, dando cabida, incluso a una propuesta de “aula segura” por parte del gobierno actual que, sin duda, hace referencia a la formación en valores.

Edgar Shein, teórico de las organizaciones y las culturas escolares, nos plantea que el análisis de las instituciones se debe dirigir a las creencias de los establecimientos educacionales y al clima organizacional, en ese sentido, se puede examinar desde las luchas internas entre equipos directivos, docentes, auxiliares, estudiantes y apoderados, desde lo que simbolizan, elaboran como productos y acciones. En estas creencias enquistadas en las instituciones se juega los modos de entender la verdad y presionar por mantenerlas, declarar las acciones que son las correctas (qué hacer, cómo hacerlo, el tiempo para hacerlo, etc) los grupos que dominan, entre otras. Lo cierto, estas formas de mirar las instituciones cuando no mejoran en el tiempo a nivel de resultados, se debe, según la teoría que propone, hacer un cambio por medio de la generación de hipótesis que vayan desgastando, de a poco, en el tiempo, las percepciones de lo bueno que se cree que se hace, los modos en que se hace, y las lógicas políticas para mantener esa mirada en el tiempo. El lector podrá preguntarse ¿en qué se relaciona esta teoría con la crisis de los valores en las instituciones escolares?

Se relacionan directamente, debido a que pareciera que la atención reflexiva hacia los valores y su formación en nuestra época, sólo se examina bajo el lente de la apreciación de su debilidad, o el impacto que genera la modernización en la relativización de los valores (Salinas Rolando), o desde un contexto de licuefacción (Bauman) dónde pareciera que todo vale -el querer-desde las necesidades individuales que cada vez más están afectas al mercado. A pesar de estos modos de abordaje, existen formas de realización de la práctica que se aprenden y se perpetuán como modos de ser y de hacer, que de manera consciente-inconsciente se enseña en las instituciones-escolares, y que impactan al aprendizaje de los valores, entonces ¿no será que en ese microespacio del contexto escolar se refuerzan la falta de comprensión de la fuerza de los mismos valores y su estimación en el plano de la vida?

Una  mirada no menos profunda nos permite la Ontología del Lenguaje apreciar cómo han cambiado los discursos sobre los valores, y que se expresaron en relatos heroicos configurados por medio de un cuerpo narrativo que aglutinaba a las virtudes morales y a los modos de cómo entender la vida en sus distintos bemoles, esto significa que aquellas historias al contarse trasladaban la sabiduría popular al reconocimiento de cada existencia en distintas situaciones, aprendiendo en esto, la paciencia, el cuidado frente a la incertidumbre, la contención frente a las dificultades, el heroísmo, la amabilidad, entre otras.

Al contrario, los espacios en que se expresa la narrativa actualmente, están limitados cada vez más a sistemas intertextuales virtuales, que poseen sus propias formas de composición y no permiten ahondar en el entendimiento mayor de la vida humana. Bajo esta ausencia, y en el concierto de aprendizajes limitados por las creencias en las instituciones que perpetua intereses, en la arena política “todo vale” no existiendo espacio para la “ética”, el ejemplo que entregamos de laxitud de los valores en las instituciones escolares también se reproduce. Habría quizás que re-mirar este lugar, para comprender si aquel mundo de inconsistencia en el actuar humano en las organizaciones cae en cascada a los niños y jóvenes que se están educando en nuestro país, de tal modo, que se logre por medio de un mejor instituir a las instituciones, y cambiar así, el significado de la moral del pillo para pasar a la moral del cuidado. Quizás ahí pudiera ser que las creencias tan enquistadas en nuestras instituciones puedan ser reformuladas para una mejor sociedad, aunque para esto, se necesita reconocer en nosotros las sabidurías que poseemos para transmitirlas y educar en valores.

 

Pablo Solórzano Marchant

Académico Escuela de Filosofía

Facultad de Educación