Humanizando la atención de la Enfermería

Maribel Vásquez Valenzuela, Directora Escuela de Enferrmería, UCSH

Cuando hablamos de la humanización del cuidado, para muchos puede parecer redundante ¿Pues el cuidado, no es de por sí humanizado? Al parecer, no es tan obvio como se supone. Como disciplina, nos hemos dedicado a generar protocolos, investigar, perfeccionar las técnicas, abandonando, en muchas ocasiones, el alma mater de la enfermería que es el “cuidar”.

Hemos “cosificado” a nuestro paciente, aplicando técnicas de manera perfecta, sin transgredir las áreas limpias que hemos definido. En primera intención, lo puncionamos, planificamos los cuidados, según patología y condición de sintomatología, sin embargo, previo a nuestro trabajo, hicimos el contacto con la persona por la cual nos levantamos en la mañana y pasamos noches en vela ¿Hablas con el paciente? Si la respuesta es afirmativa, vamos por buen camino.

En la humanización, existe un dueto inseparable: el paciente y el cuidador de éste. Para poder cuidar, se necesita conocer a la persona, lo que la rodea, influye y determina su situación de enfermedad. En este acto, y en este contexto de relación que se establece, es imprescindible comprender al “otro” y explorar nuestra postura ante él.

¿Cómo lo operacionalizamos? El sentido de cuidar se pierde si no somos capaces de tener una real preocupación por el otro. Desde la formación de los futuros profesionales, debemos inculcar la comunicación efectiva, profundizar en el conocimiento del ser humano con asignaturas de socio antropología y psicología, logrando de esta manera, comprender al ser humano, incluyéndonos a nosotros mismos. La educación de estas competencias no es circunstancial, debe ser intencionada, articulada y sistemática en el proceso formativo.

 Conocer al “otro”, en este caso al paciente y su familia, nos permite ampliar nuestra mirada a otros horizontes, patrones y modelos culturales. Nos hace ser más flexibles, abiertos. Recordemos que nuestra profesión se basa en el respeto a la persona y a su sistema de valores.

El cuidado, debe incluir el área holística, y no de la mera enfermedad o situación de salud.

Es por ello, que no menos importante, son las pasantías clínicas, donde el estudiante puede ver in situ la profesión, decidiendo de manera clara el modelo de profesional que quiere o no quiere replicar. Es por esto, que desde la academia debemos abordar a los profesionales a quienes les “entregamos” nuestros estudiantes, estando además alineados en la metodología y objetivos de lo que queremos entregar a la sociedad para el cuidado de ésta.

Ejercer la enfermería, va más allá de la técnica. Nuestras acciones deben trascender a los cuidados, ya que ser enfermera, es gozar de una condición frente la vida, con un origen de creación, que se extiende por sobre los límites del ser humano, para cuyo estímulo, ojalá nos sirvan las teoristas que se han preocupado en su rol como enfermeras.

Los principios éticos, deben dejar de ser teoría, para convertirse en práctica, en pasión por cada una de las acciones que realizamos. Ser profesional de la enfermería, es cuidar, y respecto a cómo lo hacemos, marca la diferencia para el paciente, la familia, sociedad y para nosotros mismos.

 

Maribel Vásquez Valenzuela

Directora de la Escuela de Enfermería

Universidad Católica Silva Henríquez