Víctor Martínez Gutiérrez, académico Escuela de Pedagogía Educación Básica UCSH

Víctor Martínez Gutiérrez

Académico Escuela de Ed. Básica UCSH

“in” asistencia obligatoria

El año 2020 nos trajo desafíos a los cuales no estábamos preparados, ya desde mayo de este año en Chile estábamos seguros de que el primer semestre sería totalmente en línea. En ese mes les planteaba que “hemos tenido que adaptar nuestras formas de enseñar para lograr que nuestros estudiantes puedan aprender”. Ahora nos estamos enfrentando a un nuevo semestre, a un nuevo desafío para el desarrollo y trabajo con nuestras y nuestros estudiantes. Ahora que ya ha pasado el año, es momento de pensar sobre cómo diseñaremos las clases para el primer semestre del 2021.

Uno de los factores que más complican, y que estoy seguro que es una variable que no podemos controlar, es la asistencia a clases. Sí, aunque las clases no sean presenciales, es muy importante el pensar cómo haremos con la cantidad de horas que los estudiantes estarán conectados al saber y el conocimiento. Considerando que ya decantó la sorpresa de la pandemia, ya sabemos qué esperar y cómo cuidarnos, aunque podría cambiar la economía nacional o mundial, el resto debería mantenerse más o menos igual, por lo que debemos plantearnos cómo haremos para “considerar presente en clases” a nuestras y nuestros estudiantes.

Si pensamos en las asistencias a clases sincrónicas telemáticas de nuestros estudiantes, el primer y segundo semestre del 2020, un porcentaje no menor estaría reprobando. Pues, no todos tienen las condiciones para poder estar conectados con las y los docentes durante todo el tiempo que está planteado en el horario y oferta académica. Y en este aspecto, no debemos limitarnos a las condiciones técnicas de conexión o de la cantidad de equipos TIC que tenemos en las casas disponibles para poder repartir entre todos los integrantes de la familia que deben responder a sus menesteres en forma paralela.

Estoy señalando las posibilidades que tienen los estudiantes de seguir siendo aprendices, rompiendo primero con los límites paradigmáticos previos con que llegan a ser formados y no solo esos límites de quienes están estudiando, sino de las familias y el entorno nacional e internacional. Los imaginarios colectivos no siempre están directamente asociados a la realidad de las prácticas profesionales y académicas. Por ejemplo, la docencia y ser profesores no es solo estar frente a curso y escribir en la pizarra, la docencia implica cientos de horas de preparación teórica, de investigación sobre el conocimiento, habilidades y actitudes a trabajar. Horas eternas en las cuales se prepara material y se diseña instrumentos de diagnóstico para conocer las realidades del contexto, muchas horas revisando las evaluaciones para poder replantear las clases y además mucho tiempo en los cuales nos dedicamos al contacto cercano y fraterno con cada una y cada uno de nuestros estudiantes. Buscando conocer cada una de las necesidades académicas, familiares, emocionales y en cualquier aspecto.

Entonces, debemos ahora repensar nuestros diseños pedagógicos ¡Aún estamos a tiempo! Debemos ser capaces como especialistas, desde la academia, de reinventar nuestros procesos de enseñanza a los estudiantes que tenemos “en frente” no esperar a que ellos se ajusten a nuestros procesos de enseñanza. Si bien la formación tiene un alto carácter de modelamiento, las teorías pedagógicas que esgrimimos siempre consideran el contexto como la base en la cual cimentamos nuestros procesos de enseñanza de modo de construir saberes que sean relevantes y significativos para ellos. Entonces, está el desafío en modelar ser profesionales, pero por ahora desde una forma de trabajar totalmente no presencial. En muchas profesiones y oficios se ha demostrado que, una gran parte del desarrollo profesional, puede ser “a distancia” o con “teletrabajo”. En cuando a la formación y desde la academia, podemos ajustar nuestros paradigmas pedagógicos a modelos cercanos al B-learnig, o sea mezclar procesos de enseñanza sincrónicos presenciales (por ahora a distancia) con procesos de estudio y trabajo asincrónico y autónomo guiado por la o él docente, procesos que permitan anticipar o profundizar los aprendizajes. Bueno, y por qué no, aprendizajes que no sean abordados en clases presenciales, solamente en procesos a distancia y asincrónicos, saberes con los que contemos plenamente y no solo como un complemento de lo que vemos en clases.

Debemos avanzar en los procesos de enseñanza y aprendizaje, aprovechar el momento en que estamos para habituarse en el uso de estas tecnologías, algunas prácticas presenciales no tendrán el mismo sentido a futuro, ya que sabemos que eso podríamos hacerlo perfectamente desde la comodidad de nuestras casas o el ambiente protegido de nuestras oficinas. Debemos aprovechar el impulso para seguir trabajando un porcentaje importante del tiempo dedicado a las asignaturas para el trabajo autónomo guiado, para los trabajos grupales reflexivos y significativos.

Finalmente entender después de esto que, no solamente las formaciones profesionales tienen mucho más que la ejecución práctica de la profesión, tal cual como los deportistas entrenan, todos los teóricos usamos mucho de nuestro tiempo en investigar y leer. La formación de profesionales implica reflexión, investigación, levantamiento de datos, análisis, autoevaluación y también ejecución práctica. Además de entender y comprender que nuestros diseños de enseñanza deben incluir procesos de trabajo autónomo significativo, individual o grupal, dando paso a una nueva forma de aprender y enseñar. Una forma que no es tan novedosa, el trabajo y la formación e-learnig ya existe hace tiempo, pero que, lamentablemente, no se ha masificado ni formalizado en los centros de educación a nivel nacional.