Interculturalidad en la Universidad del Cardenal

María Constanza Tocornal Montt

Hoy, cada vez más se hace patente que Chile cambió y que es urgente el reconocimiento y valoración de las distintas racionalidades, prácticas y memorias que se cruzan, confluyen o difieren en nuestro país. En este contexto, para la universidad del Cardenal se hace urgente una propuesta de trabajo intercultural.

Ya en el año 1971 el Cardenal Silva Henríquez planteó que la razón de ser universidad católica es servir a la cultura de los pueblos, siendo parte de su conciencia crítica; un servicio que debía ser también lúcido y eficaz; lo que se logra en la medida en que la universidad comprende y se involucra en las urgencias que vivimos en nuestro devenir como comunidades históricas y sociales.

Hacer un reconocimiento lúcido y eficaz del desarrollo histórico y cultural de nuestro país, obliga a hacerlo desde una mirada crítica y volcarse hacia esos grupos que hasta hace poco se situaron en espacios periféricos o de resistencia, que muchas veces no han entrado en el discurso oficial de la identidad, de la historia y la cultura constitutiva de nuestra comunidad nacional, como son los pueblos originarios y recientemente las comunidades migrantes. Es apenas en los últimos 30 años que los grupos indígenas han sido medianamente incluidos como actores relevantes del desarrollo del país. Así mismo, el aumento de la migración también ha incidido en una nueva configuración cultural de nuestra población. Son estas dos realidades las que invitan a abordar el desafío de la interculturalidad en la Universidad del Cardenal.

La idea de desarrollar un proyecto de interculturalidad en educación superior viene entonces a asumir ese desafío. Es una tarea que obliga a pensar un proyecto con y entre los distintos grupos culturales, con un pensar situado, apostando por una universidad alojada en el sur, lo que en palabras de Rodolfo Kusch, sería una universidad situada, con un pensar desde el estar, desde el suelo en el cual está arraigada nuestra cultura, nuestro domicilio en el mundo.

El pensar desde nuestras raíces y nuestra historia, es pensar desde nuestros pueblos originarios y las culturas que lo habitan hace siglos, pero también es pensar desde el encuentro que se dio por primera vez hace 500 años, y que sigue ocurriendo y nos obliga a entendernos como diversos, con identidades fluidas que hasta nuestros días siguen transformándose en nuevas pertenencias compartidas.

El enfoque intercultural entiende que las asimetrías sociales, económicas, políticas y de poder condicionan las interacciones sociales e institucionales, y por lo tanto busca asegurar que las diferencias no se conviertan en discriminaciones, sino que sean reconocidas como fuentes de saber, y de experiencias de vida en sociedad. Esta mirada también se funda en el respeto a los derechos humanos y en una perspectiva crítica, pero constructiva, para la transformación de la sociedad y de nosotros y nosotras mismos/as.

Desde el enfoque de derechos humanos vale la pena recordar los planteamientos de Raúl Fornet-Betancourt en tanto entiende que la persona humana en su diferencia es dueña de una dignidad inviolable, lo que nos hace iguales. Y así mismo recoger las palabras del Cardenal “quiero que en mi país todos vivan con dignidad”. En este sentido, igualdad no es lo mismo que homogeneidad y, por lo tanto, la apuesta por la interculturalidad es un proyecto sociopolítico de igualdad en la diferencia.

Por lo tanto, una universidad comprometida con el desafío de la interculturalidad debiera, en sus líneas de investigación y en sus formas de hacer, comenzar por reconocer las categorías de pensamiento nacidas en nuestros domicilios y por la promoción de formas de hacer desde nuestra condición múltiple y abigarrada, planteando nuevas formas de hacer, estar y pensar de manera complementaria al saber que hasta ahora se ha venido desarrollando en las universidades. La intención no es despojarnos de la tradición racional academicista, de la cual por cierto somos parte, sino que, al lado de ella, atreverse a pensar y a hacer desde otros modos de vida presentes en nuestra casa, para lograr una propuesta constructiva del hacer intercultural.

Hace varios años que nuestra Universidad inició un camino de relacionamiento con pueblos originarios y con comunidades migrantes. Ejemplo de ello es la Escuela de Lenguas Indígenas, que para el año 2019 tendrá su cuarta versión y la beca UCSH en el Programa de Formación Docente en Interculturalidad con el Área de Educación del Museo Chileno de Arte Precolombino. Otras áreas de trabajo con pueblos originarios son el desarrollado con la Corporación Covadonga Ona por la visibilización del Pueblo Selk’nam en Chile y los proyectos del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) que desde 2012 viene ejecutando la Escuela de Administración y Economía en la región de Tarapacá en conjunto con el Gobierno Regional, que también ha sido una instancia de trabajo con las comunidades indígenas del norte del país. Por otra parte, el Área de Migración Interculturalidad y Refugio (AMIR) del Centro de Atención a la Comunidad (CEAC) es un espacio de intervención y reflexión en torno a las problemáticas dadas en la experiencia migratoria y la Clínica Jurídica, es una instancia donde los estudiantes brindan ayuda y orientación legal a una cantidad considerable de población migrante. Por último, hay que destacar el trabajo que viene realizando Pastoral con la comunidad haitiana con acciones que ayudan a su inclusión y mejorar su calidad de vida.

En los años venideros, como universidad tenemos el desafío de generar más espacios de trabajo e intercambio de saberes para que también los estudiantes se involucren en experiencias interculturales de aprendizaje y valoración de los pueblos originarios y de la diversidad migrante que hoy existe en nuestro país. Aún más, si para el 2017 del total de alumnos y alumnas un 7% declaró la adscripción a alguna identidad indígena y un 1% son de nacionalidad extranjera.

En síntesis, como universidad que busca cumplir con la misión de ser parte de la conciencia crítica de la comunidad nacional, deberá articular un proyecto de interculturalidad como práctica descolonizadora, que se cristalice tanto en su propio hacer cotidiano como en las propuestas teóricas y de transformación social que de ella emanan. Es decir, dar a los y las estudiantes una formación con la suficiente plasticidad y visión crítica para que logren situarse en su contexto y, desde ahí, relacionarse con los demás valorando y validando la diferencia, donde ellos y ellas también se conciban como sujetos interculturales y sean actores de cambio de nuestra sociedad.

María Constanza Tocornal Montt

Encargada del Área de Interculturalidad

Dirección de Vinculación con el Medio