Sally Navarrete, académica Escuela de Educación Matemáticas e Informática Educativa UCSH

Sally Navarrete

Académica Escuela de Educación Matemáticas e Informática Educativa UCSH

La emocionalidad en clases virtuales: un imperativo hoy, para estas “nuevas frías aulas”

Hoy en día en el contexto educativo, y frente a una situación de pandemia mundial, las clases online se han transformado en una fuente de información para conocer las emociones de los estudiantes, y cómo éstas afectan su proceso educativo. Durante el proceso de clases remotas es fundamental poder contar con cierta información que permita acomodar nuestras estrategias de enseñanzas – aprendizajes, de tal forma que las clases se transformen en un espacio donde lo emocional y lo cognitivo estén presentes, para ello es fundamental conocer la situación en la cual se encuentran los estudiantes, recurrir a la utilización de recursos tecnológicos y digitales y de una manera especial considerar la emocionalidad de los estudiantes y de nosotros los docentes, que estamos viviendo experiencias educativas extraordinarias y únicas.

Atravesamos un contexto mundial complicado, donde cada uno de nosotros se ha visto expuestos a diferentes tipos de emociones, desde la pena, el temor, hasta el no tener las energías suficientes para llevar a cabo nuestras actividades con la calidad y profundidad que nuestros estudiantes pueden merecer y requerir. Por ello, es importante el equilibrio emocional que podemos lograr antes de comenzar una clase virtual, se hace necesario entonces, preguntar cómo se sienten, si han estado bien de salud, si su familia se encuentra bien, si tienen algún problema, entre otros, iniciando de esa forma un nexo entre los estudiantes y el profesor, que permita lograr un ambiente adecuado a pesar de la distancia entre los involucrados. Todo ha sido un aprendizaje en estos tiempos, desde cómo usar una plataforma, acostumbrarnos a vernos en una pantalla la mayoría del día, en mirar sólo nombres de nuestros estudiantes, acostumbrarnos al silencio de ellos en aulas algo vacías de ese ambiente y calor que otorga la presencialidad. Aquí nuestras emociones se confunden, se entrelazan, emociones como ansiedad, miedo, soledad, frustración, rabia, tristeza, alegría, entre otras, afloran en nosotros y en los propios estudiantes. Las emociones son consideradas como fenómenos multicausales, desde allí que, al enfrentar las clases en forma remota, debemos estar atentos a las señales que los estudiantes nos entregan, desde la conexión a clases, responder preguntas, hacer consultas, o tan solo escribir en el chat como formas de interacción. Cada una de estas señales van indicando la participación, el compromiso, la responsabilidad y el interés en su propio aprendizaje, tal vez es mucho más difícil, por ello aquí surge como factor clave la comunicación que mantengamos con ellos, y la forma en que nos relacionamos desde la virtualidad, surgen entonces otros elementos tecnológicos a los cuales debemos recurrir, como el WhatsApp, que, aunque no es una herramienta educativa, permite hoy en día una comunicación más efectiva.

Claramente, hoy en día, las comunicaciones a través de recursos tecnológicos han permitido sobrellevar este proceso de clases remotas, donde hemos tenido que modificar nuestras estrategias de enseñanza, llevándolas a un plano virtual, de manera que los estudiantes se sientan cómodos y a gusto con las clases y lograr en lo posible una distancia cada vez menor. Para ello, ha sido necesario más que nunca tener en cuenta los diferentes estilos de aprendizajes de nuestros estudiantes, tratando de abarcar a cada uno de ellos, y donde la educación emocional es primordial. Cada clase remota grabada, cada material que se envía ya sea a aulas virtuales o los correos, debe ser un medio de comunicación entre los estudiantes y profesores. Un medio de comunicación que permita, desde la perspectiva del profesor conocer y entender la conducta de sus estudiantes y desde la perspectiva del estudiante lograr sus aprendizajes.

Según, John Mayer y Peter Salovey, la emocionalidad, también conocida como Inteligencia Emocional, la definen como “habilidad para percibir, valorar y expresar las emociones con exactitud; la habilidad para acceder y generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para entender la emoción y el conocimiento emocional; la habilidad para regular las emociones y promover el crecimiento emocional e intelectual” (Mayer y Salovey, 1997, 2007).

La emocionalidad es una forma de regulación de nuestros actos, que promueve el desarrollo emocional e intelectual, cuanto más se conozca sobre las emociones de los estudiantes, tal vez podamos crear mejores ambientes de aprendizajes.

Claramente existen muchos factores que afectan el proceso educativo, pero con las actuales clases virtuales se hace necesario promover clases donde exista el espacio para que los estudiantes se involucren de manera activa, logrando una buena interacción con sus compañeros, recalcando la importancia de la participación y motivación, manteniendo el compromiso de los estudiantes con su propio quehacer educativo, de ahí la importancia de preguntarse permanentemente por nuestro quehacer educativo, por qué y cómo estas “nuevas frías aulas” pueden desarrollar ambientes en que lo cognitivo no sea la exclusividad en el oficio pedagógico. Desde esta mirada, surge la relevancia de reconocer la otredad, lograr por medio de diversos esfuerzos humanos y recursos pedagógicos el reconocimiento de ese otro(a), la valoración de sus pensamientos, preguntas y miedos. En estos tiempos desconcertantes, la tarea de educar tiene complejos desafíos, ¿Cómo transmitir conocimientos? ¿Cómo lograr que esa transmisión haya sido comprendida de buena manera por nuestros estudiantes?, pero, además, existen desafíos desde la emocionalidad y la “empatía pedagógica”, interrogantes tales como: ¿Están nuestros estudiantes viviendo estos tiempos con la suficiente tranquilidad para responder a las exigencias educativas?, ¿Qué necesitan de nosotros los docentes para sentir y experimentar un espacio en que estas “nuevas frías aulas” puedan mejorar el clima al interior de ellas?

En síntesis, en estos tiempos de incertidumbre, lo emocional y cognitivo son procesos indispensables e inseparables, la emocionalidad de nuestros estudiantes y la de los profesores deben ser un aporte a los procesos educativos. Para ello, a pesar de lo complejo de los tiempos actuales, existen desafíos para nosotros los docentes que pueden constituir oportunidades de desarrollo y crecimiento profesional, en donde nuestros imperativos profesionales, pero especialmente humanos y éticos no deben dejar fuera del aula la emocionalidad.