¿La esperanza tiene aún sentido?

Nello Gargiulo, Secretario Ejecutivo de la Fundación Cardenal Raúl Silva Henríquez.

“La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica” es el lema del  Papa Francisco, con el cual ha propuesto celebrar la Jornada Mundial de la Paz, efectuada este primero de enero.

La Jornada número 53 tiene sus orígenes, el año 1968, cuando el Papa Pablo IV dio comienzo a esta tradición, que se repite cada comienzo de año, y que está ideada no solo para los católicos, ya que el tema de la paz, es un anhelo de toda persona.

Los lemas escogidos cada nuevo año, son diferentes y muy sugerentes. En una publicación realizada en el 2015 por la UCSH, en coedición con la Fundación Cardenal Raúl Silva Henríquez, titulada “Educar para la paz en América Latina”, recopilamos estos lemas, abordando el tema de la paz como una tarea pedagógica, que debe ser integrada, más explícitamente, en los caminos de la educación, esperando que sean también considerados en los programas de educación cívica, haciéndose cargo también de esta primordial tarea.

Las problemáticas ligadas a esta materia, también fueron motivo de una atenta observación para el Cardenal Raúl Silva Henríquez, respecto de los acontecimientos políticos, económicos y sociales. Es así como a través de su fuerza y convicción, dirigió también a los jóvenes en diferentes momentos.

Vale la pena, justamente, recordar un memorable mensaje del Cardenal, pensado para jóvenes chilenos y argentinos, en un encuentro por la paz, realizado el año 1978 a los pies del Cristo Redentor que, desde las cumbres de la cordillera mira hacia los dos países.  Después de haber manifestado con insistencia que valía la pena jugársela por la paz entre los pueblos hermanos dice: “En ustedes se encarna la vida que nace, alegre, confiada, aún no contaminada por el odio o el cálculo egoísta, radiante de fe victoriosa. Ustedes sueñan con un mundo en que el hombre vea respetada su dignidad de persona y su vocación al amor. Ustedes creen que ese mundo es posible de construir. La confianza; los sueños y la vocación al amor son signos de la vida especialmente de los jóvenes”.

Hoy, sin embargo, parecen prevalecer los signos  que ponen en riesgo una sana convivencia nacional, con la tónica reclamada de tantas injusticias que se han producido a causa de las desigualdades en sectores importantes de la sociedad.

No cabe la menor duda, que una política poco atenta al dinamismo de la sociedad chilena, es responsable de no haber orientado debidamente los modelos de desarrollo socio-económicos con los necesarios equilibrios.  Por un lado, se ha producido un crecimiento, con aras de un sub-desarrollo en otros frentes.

Parece haberse construido dos países en el mismo territorio.  De hecho, la gran falla de la PSU, justamente, es porque mide con los mismos parámetros realidades socio-educativas diferentes.

Una manera de hacer política, que ha privilegiado un concepto de “libertad” y de primacía del bien individual por sobre del bien común, llevando a un crecimiento inorgánico que ha acumulado profunda rabia y que hoy pone en peligro la armonía de la convivencia.

Los análisis respecto a las causas que han llevado a la situación de desconfianza, sumado a los miedos que se viven, son abundantes y complejos. También abundan las recetas, que cuentan con un denominador común, que es la urgencia de respuestas reales.

Todo hace pensar que los recursos fiscales, recaudados con el alza de impuestos, serán insuficientes. Es por ello, que se debería unir el esfuerzo directo del sector privado, quienes en sus manos, tienen mayores posibilidades, yendo más allá de lo legal, de poder abrirse a intervenciones sociales observadas y coordinadas.

Con seriedad, hace falta pensar cómo dosis de gratuidad y reciprocidad, son las que efectivamente, tanto en política como en economía, generan una ‘’cultura del dar” y de la “confianza’’, rompiendo aquel paradigma de la   ciencia económica y de la mano invisible, donde el mercado estimula el interés personal propiciando el bien común. Sin embargo, este último elemento, no se construye con la sumatoria de los bienes personales.

El mercado civil, de largo aliento, es el que se fundamenta en el trabajo, la confianza, siendo inclusivo y sin coludirse.  En tanto, el bien común y el crecimiento de la economía, debe poder encontrar otros parámetros de referencia. El mensaje del Papa Francisco,  para el Día de la Paz 2020, parece dar un indicio para dar comienzo al camino virtuoso: diálogo, reconciliación y conversión ecológica.

Con esto, se podrá recuperar la paz en la senda de la justicia y del desarrollo humano integral que debe armonizar tanto a la persona, al cuerpo social, el emprendimiento y desarrollo sustentable.  Para ello, es necesario otorgar un lugar de primera plana a la esperanza.

 

Nello Gargiulo

Secretario Ejecutivo de la Fundación Cardenal Raúl Silva Henriquez.