Elena Romero Pérez, Directora Escuela de Educación en Historia y Geografía UCSH

Elena Romero

 Directora Escuela de Educación en Historia y Geografía UCSH

La importancia del consentimiento como uno de los ejes fundamentales en la prevención y la búsqueda de la justicia para las víctimas de violencia sexual

Durante los últimos años hemos presenciado diversos movimientos sociales que han buscado reivindicar los derechos de las denominadas “minorías”, así como visibilizar problemáticas que antes eran normalizadas en una sociedad tan anquilosada como la nuestra.

Uno de los que más influencia ha tenido es la corriente que reivindica derechos de las mujeres (que claramente no somos una minoría), que ha logrado remover las conciencias de gran parte de la población, así como impulsado la generación de protocolos de actuación frente a situaciones de violencia sexual en las que, lamentablemente, se ven involucrados estudiantes de educación superior.

En este contexto, unas de las temáticas a discutir más recurrentemente es el consentimiento. Tanto es así que en universidades como Yale y Johns Hopkins es uno de los conceptos que guían el desarrollo de las políticas que castigan la violencia sexual. Este se encuentra definido como falta de aprobación de cualquier conducta que revista características sexuales (por ejemplo: tocamientos, besos, entre otros); así como también consideran que no hubo consentimiento cuando estos se realizan bajo cualquier tipo coerción, la que invalida la aprobación que no haya sido obtenida libre y conscientemente. Por otra parte, Harvard plantea el concepto de Conductas no deseadas (Unwelcome Conduct) que corresponde a una actuación sexual no aprobada por quien se ve afectada/o, lo que implica el que la incapacidad para consentir acciones o actividades de carácter sexual convierte un acto sucedido en estas condiciones en indeseado, y, por ende, sin consentimiento.

De hecho, este concepto es tan relevante en las políticas universitarias que es considerado una de las bases para calificar las conductas inapropiadas en acoso, violencia sexual, entre otras. No existe consentimiento cuando quien se ve afectada/o duerme, se encuentra inconsciente o bajo la influencia de una sustancia intoxicante, impidiendo el control sobre su cuerpo. Es más: gran parte de las instituciones señala que el estar bajo los efectos de sustancias que impidan el control de los impulsos, no es un atenuante para quien haya cometido actos de violencia sexual.

Como profesora formadora de futuras/os profesoras/es, no puede dejar de preocuparme el desconocimiento que como sociedad mantenemos en torno a la importancia del consentimiento como uno de los ejes fundamentales en la prevención y la búsqueda de la justicia para las víctimas de violencia sexual.

Mucho nos falta por aprender como sociedad, el llamado es a tomar conciencia de que la necesidad de prevenir la violencia sexual no solo debe desarrollarse en entornos educativos formales, sino que a nivel de sociedad en general, de forma que logremos comprender que la responsabilidad nunca es de la víctima, independiente de las condiciones en la que esta se haya encontrado al momento de vivir una experiencia tan traumática como la experimentada por Antonia, Ámbar y tantas otras mujeres que no puedo nombrar ya que faltaría espacio en esta columna para mencionarlas.