Los nuevos rostros de la solidaridad en la sociedad digitalizada

Nello Gargiullo

A raíz de la publicación de la reflexión: a los 20 años de la partida del Cardenal Raúl Silva Henríquez tuve la oportunidad de intercambiar opiniones en los pasillos de nuestra Casa de Estudio con estudiantes y colegas acerca de algunos momentos de la vida del Cardenal que en ese artículo mencioné como su cercanía con los pobres, como acercaba la doctrina de la iglesia a los pobres, colaboró con los marginados, les dio dignidad y muchos hasta el día de hoy le agradecen por estar vivos o “ser alguien”. Hace 20 años o más no había internet, no existían celulares modernos y por supuesto, los computadores no estaban al alcance de la mayoría como hoy.

A partir de lo anterior y al ver los jóvenes que estudian en la UCSH, surgieron algunas interrogantes como si ¿estamos preparando a estos chicos y chicas para ser solidarios en acción y no tras una pantalla? ¿Estamos nosotros los que vivimos en la época del Cardenal y conocemos su quehacer en terreno haciendo lo correcto? Pensé en el futuro laboral de estos jóvenes cada vez más “robotizado” y para ello, ¿estaremos como universidad a la altura de ofrecer al país honestos ciudadanos y buenos cristianos?

Si pensamos que la pobreza en Chile en los últimos 30 años se ha ido reduciendo, pero a su vez, ha aumentado el nivel de educación y también las fuentes laborales, la conclusión no puede ser más que alentadora , Sin embargo, preguntarse si la ‘’Robotización o digitalización’’ dejará fuera una buena cantidad de mano de obra que hoy se ocupa al interior de las empresas ya es una realidad. Los países más industrializados que habían alcanzado niveles de equilibrio socio económico hoy aumentan su desempleo y con eso se reduce el consumo interno pudiendo estos llegar a la recesión económica. Los capitales se de-localizan y se está creando un nuevo mapa de fuentes laborales y de producción, privilegiando lugares cercanos a las materia primas y donde la mano de obra tendrá niveles de costo más bajos. Vale mencionar el ejemplo de China y su influencia sobre el comercio mundial.

Más cerca de nosotros, los países de América Latina que se caracterizan también por ser grandes productores de materia primas y concentraciones de capitales en manos de pocos y grandes grupos, para superar las contradicciones de las excesivas desigualdades deben transitar de un modelo de economía capitalista muy tradicional y arcaico hacia modelos de economía social de mercado los cuales en su concepción apuntan a superar el binomio Estado-Mercado, (hoy de gran predominancia en nuestro continente) y en cambio generar un espacio muy activo para la sociedad civil.  En su concepción, este modelo propugna una economía de mayor servicio y meno de caracter especultaivo especialmnete en área de la salud; la educación; la tercera edad etc. Una nación con una buena sociedad civil como sostienen importantes autores es como una mesa que en lugar de tener dos patas tiene tres. Al Estado y al mercado se debe asociar una buena y estructurada sociedad civil.

Ante este escenario, es posible preguntarse ¿qué haría el Cardenal Silva hoy? No estando presente solo podemos especular. Primero con un principio que él siempre tuvo presente y que es parte fundamental de nuestro proyecto educativo es la Solidaridad, pero ¿de qué forma? Me atrevo a señalar tres pistas como temas de reflexión y debate.

Podríamos ser constructores de una nueva solidaridad intercultural y esto con el objetivo de no crear con las movilidades de emigrantes que llegan también en nuestro país o nuevas áreas de sub desarrollo urbano y deterioro de los ambientes. Si la mano de obra de los emigrantes resulta ser más barata, por lo menos, tener la preocupación que tengan espacios dignos y humanos de trabajo y de vida.  Una tarea que debe ser conjunta entre el Estado y el mundo privado con la conciencia que mejores condiciones de vida familiar terminan a beneficio de la misma productividad.  Sectores de la Sociedad Civil se dedican a la acogida e inserción de los migrantes. Su trabajo necesita de mayores apoyos del estado y de privados de otra manera muy poco serán los efectos de una real y rápida integración.

Otra forma es promover una solidaridad educacional, donde enseñemos a nuestros estudiantes a pensar como los más débiles para que a futuro no queden postergados en trabajos con pocas calificaciones porque las políticas de selección y las ofertas de capacitación en nuevos oficios no consideran suficientemente las debilidades de inserción de estos sectores. Una tarea para la cuales la sociedad civil debe hacerse cargo y para esto, necesita también que el estado y el mundo privado financien proyectos con estas características. Sin mencionar además que se necesitan profesionales con entusiasmo y convicción que propongan proyectos atractivos en estas áreas. 

Finalmente podemos sumar a la lista, sensibilizar hacia una solidaridad comunicacional, en el sentido que los medios de comunicación sean inclusivos también con la voz de estos sectores más débiles que por sí solo no tienen la fuerza de dar a conocer sus necesidades y problemas como también comunicar sus propias virtudes, utilizando los canales digitales y redes sociales que en cuestión de segundos “viralizan” la información y temas que sólo importaban a unos pocos hoy tienen ribetes internacionales que pueden llegar hasta prorrogar una ley o detener grandes proyectos por salvar reservas naturales y ecosistemas.  Las nuevas generaciones tienen facilidad para los medios digitales, solo se trata de abrir oportunidades a los jóvenes de todos los sectores para que todos tengan las herramientas para competir en los que será la ya no lejana oferta laboral con el sello digital.

Es así como en la solidaridad,  el Cardenal Silva, fue maestro y hoy rescatamos su sensibilidad también profética, porque esta inter-racionalidad de solidaridad, entre personas y grupos sociales, él la hace derivar como fruto de la Filiación Divina: el tener un Padre común lo expresa con estas palabras: Un país fraterno solo es posible cuando se reconoce la paternidad bondadosa de Dios y en un país fraterno, la dimensión de la solidaridad se hace más efectiva.

Tal vez al interior de nuestra aulas, de nuestros grupos, de los espacios de reflexión como asambleas de patio y salas debemos hacernos más amantes de esta palabra, “fraternidad”, que es profundamente natural y sobrenatural porque pertenece a la vocación que cada uno de nosotros no debe olvidar y acariciar de una manera muy benévola que hemos sido hecho a Imagen y semejanza del Dios Padre y Creador.

Nello Gargiulo

Secretario Ejecutivo de la Fundación Cardenal Raúl Silva Henriquez.