Norton Contreras Paredes, académico Escuela de Educación Parvularia

Norton Contreras Paredes

Académico Escuela de Educación Parvularia UCSH

Neuroderechos: ¿Qué tan protegidos estamos?

Por estos días la Comisión Desafíos del Futuro del Senado ha presentado dos Proyectos de Ley sustentados en una iniciativa que promete ser pionera en el mundo en relación a cómo la neurotecnología puede poner en riesgo la forma en que nuestro cerebro se usa y se comparte. Políticos de todas las tendencias han apoyado y promovido esta interesante propuesta que ha contado también con el respaldo del reconocido neurocientífico español Rafael Yuste, quien es académico de la Universidad de Columbia (EE. UU) y principal artífice del proyecto Brain, que busca mapear toda la actividad neuronal del cerebro y así develar sus secretos.

El concepto de Neuroderecho ha cobrado especial fuerza en estos tiempos, precisamente en una era donde la tecnología establece un claro dominio en nuestras actividades cotidianas y que ha traído considerables beneficios para nuestro diario vivir. Sin embargo, estos avances tecnológicos nos han llevado a reflexionar también acerca de qué tan bien resguardada está nuestra privacidad mental en la actualidad. Y qué tan expuesto está nuestro cerebro a posibles abusos e injerencias. Las máquinas ya han comenzado a leer nuestros pensamientos, aunque de un modo muy básico. Pero, aun así, la vertiginosa carrera por la neurotecnología ha llevado a que muchas compañías en todo el mundo inviertan millones de dólares para generar un desarrollo aún más acelerado, lo cual no deja ser un motivo de suma preocupación por el eventual uso que podría dársele.

Lo descrito anteriormente pareciera ser sacado de una película de ciencia ficción, pero lo cierto es que cada vez estamos más cerca de saber cómo pueden controlarse las emociones, los pensamientos y nuestra toma de decisiones. Las personas están empezando a ser “neuroprogramadas” silenciosamente, las diversas plataformas basadas en neurotecnologías podrían ser capaces en un futuro (tal vez no muy lejano) de leer las ondas cerebrales. Elon Musk, por ejemplo, ha señalado que está en condiciones de poder desarrollar neurodispositivos de interfaz cerebro-cerebro que podrían transmitir diversas experiencias emocionales o de cualquier otro tipo, junto con tener también acceso a toda la información cognitiva humana. Otro ejemplo: si una persona puede conectar su cerebro a un camión en sí misma no estaría en riesgo. Pero, ¿qué sucedería si ese camión provoca un accidente? ¿Quién sería el responsable? ¿El computador? ¿El programador? ¿O el cerebro de esa persona?

El futuro de la humanidad no será auspicioso sin la ciencia ni la tecnología, pero es totalmente imperativo que nosotros utilicemos adecuadamente estos recursos para nuestro beneficio. Es necesario tomar consciencia sobre la relevancia de esta propuesta y su impacto en el desarrollo humano. Nuestro país ha comenzado a tomar cartas en el asunto y se están dando pasos importantes. Es de esperar que Chile se constituya como un líder mundial en esta materia, garantizando en su legislación el cuidado de la privacidad mental de las personas. Un gran desafío nacional que debemos saber aprovechar.