“Raúl Cardenal, no invoquemos tu nombre en vano”

La injusticia de la desigualdad, el abuso de las relaciones de poder, la reducción del horizonte de expectativas vitales, el debilitamiento de la construcción colectiva de sentido social, la radicalización del individualismo consumista, el salvajismo cívico de la indiferencia y la pérdida de la educación humanizadora son solo algunos de las consecuencias de las estructuras de pecado del modelo neoliberal que ha hecho despertar un “nosotros” que no debemos olvidar. No debemos olvidar el atropello a los Derechos Humanos y el resentimiento que destruye.

Que el estallido social ante las brutales desigualdades no funda los lazos que componen nuestra comunidad universitaria, sino que ilumine el camino de solidaridad que llevará a Chile a ser un país con un alma solidaria, justa y digna.

Debemos hacer un pacto de solidaridad que establezca relaciones no de poder, sino relaciones solidarias de reconocimiento que nos movilice contra las injusticias que todos sufrimos en diferente medida y profundidad y, por ello, reconocer al otro como un prójimo en su dignidad, libertad y derechos. Pero ello conlleva una profunda responsabilidad.

Para nuestra Universidad, los estudiantes son el fin de su misión, protagonistas en la construcción de la universidad, destinatarios predilectos de nuestro trabajo, arquitectos del futuro de nuestro país, servidores solidarios para una humanización y dignificación de nuestra sociedad, pero son un elemento más en la composición de nuestra comunidad universitaria, por lo que también deben cumplir con una responsabilidad según su rol.

La Universidad también necesita de estudiantes preocupados de su entorno y no solo preocupados de su éxito individual, inquietos, críticos y generosos, pero también responsables, solidarios, no solo receptores y exigentes de sus derechos, sino también de sus deberes. Nuestros estudiantes deben ser críticos y exigentes para la construcción de un país mejor, pero esa crítica y exigencia, también comienza por ellos mismos como personas, estudiantes y futuros profesionales que continuarán el legado del Cardenal.

Debemos fortalecer un ambiente de participación y colaboración entre todos los miembros de la comunidad que comparten una misión y valores, una historia y memoria, profundizando la confianza original por nuestro proyecto que recibe a sus estudiantes y éstos encuentran en los académicos y funcionarios, excelencia académica y excelencia humana.

¿Qué haría el Cardenal ante estas injusticias que sufre su pueblo? ¿Qué haría el Cardenal para reestablecer una sociedad igualitaria, confiable y digna? ¿Qué nos pediría como Universidad? El Cardenal nos diría que seamos protagonistas corresponsables del desarrollo equitativo del país poniendo en el centro la dignidad de toda persona y no dejarse seducir con ideologías reñidas con nuestra identidad universitaria; que nos sentemos a dialogar teniendo la única exigencia de la comprensión y no de la imposición forzosa de las ideas; que sintamos que la Universidad es un espacio de desarrollo para todos y no para algunos vociferantes; que nos cuidemos y pongamos a su servicio nuestros talentos personales y profesionales para quienes no pueden acceder a él; que la libertad y la justicia se encarnen en estudios responsables para un servicio profesional de calidad; que seamos críticos, pero no autodestructivos; que siempre en el diálogo el otro como yo, puede tener razón; que practiquemos la solidaridad con nosotros mismos para ser testimonio del Evangelio; que unidos derrumbemos la desconfianza que nos ha quitado el reconocernos y cuidarnos en nuestros derechos y deberes.

Raúl Cardenal, no invocamos tu nombre en vano. Lo hacemos porque la necesitamos.

 

Fernando Vergara H.

Vicerrectoría de Identidad y Desarrollo Estudiantil UCSH