Reflexión sobre la experiencia de una enfermedad

La enfermedad lesiona el centro de toda persona y disminuye la vida en su funcionamiento físico, espiritual, ético y social.

En torno a la pérdida del poder físico, porque somos seres físicos en un mundo que no es completamente amigable las personas necesitamos poder para sobrevivir. Cuando las personas enfermamos, física o emocionalmente, se socava el poder que necesitan para oponerse a factores agresores. Bajo condiciones ordinarias, la existencia siempre está de alguna forma amenazada, pero cuando la enfermedad golpea, la amenaza se intensifica.

Habitualmente, el cuerpo es un instrumento dispuesto a resistir las amenazas externas, a proporcionar lo que se desea, proporcionar satisfacción y a trabajar para conseguir los proyectos de vida que cada persona tiene razones para valorar.
En la enfermedad este poder físico nos debilita y sufre, por lo tanto, se siente amenazado.

En cuanto a la pérdida de poder espiritual, las personas son más que seres físicos. Tienen dimensiones no físicas, como la capacidad de captar significados, de buscar significados, de vivir en el sistema de sus propios significados.

Víctor Frankl, autor del libro, “El hombre en busca de sentido”, ha demostrado que la pérdida de significados es una amenaza para los seres humanos, tanto como lo es la pérdida de fortaleza física, donde la conciencia simbólica y el sistema de símbolos de los seres humanos, los distingue de los otros animales.

Los significados e interpretaciones básicas dan coherencia y dirección a la vida. Ellos definen la experiencia de un ser humano, las relaciones y hasta el sentido de sí mismo.

Las enfermedades importantes trastornan de un momento a otro los significados ordinarios con los que los seres humanos encontramos sentido en nosotros mismos. De un momento a otro, ocurre un cambio en las circunstancias que obligan a un cambio en el entendimiento de quiénes somos.

Por otro lado, sobre la pérdida de poder ético, las personas sanas tienen control sobre su comportamiento, pueden tomar iniciativas y hacer los cambios deseados. La opción, el control, la iniciativa, imaginar alternativas, el tomar decisiones, la responsabilidad, todas estas cosas conforman el potencial humano que con frecuencia se conoce como libertad humana. Esta libertad convierte al ser humano en ser ético.

Los animales se adaptan a las fuerzas externas, pero los seres humanos deben ajustar sus respuestas al ambiente, tomando iniciativas justas. A su vez, estas iniciativas humanas forjan la estructura de su alma o de su ser.

Si los seres humanos pueden realizarse por sus opciones, es precisamente esta capacidad característica la que está amenazada por la enfermedad. La enfermedad reduce la capacidad de los seres humanos para tomar decisiones cruciales y autoconstitutivas.

La enfermedad no solo corta muchas posibilidades en la vida, sino que los enfermos simplemente no pueden usar el poder de la voluntad para responder al estado de enfermo. El dolor y el sufrimiento debilitan a la persona y la obligan a confiar muy frecuentemente en la ayuda de otra persona con poder para responder adecuadamente y para recuperar, en algún grado, el control.

Los enfermos no pueden decidir por sí mismos o actuar con resolución en su propio beneficio, como lo hacían antes de la enfermedad. La libertad para tomar decisiones que son cruciales para la vida de uno, se pierde o se encuentra gravemente deteriorada por la enfermedad.
Para hacer eficaz una decisión sobre la propia vida, se requiere alguna visión del futuro, y la perdida de esta visión es otro de los efectos de la enfermedad. No hay plan confiable sobre el cual se base una decisión, y la confianza requerida para llevar a cabo un plan, también es socavada. La enfermedad es el enemigo de la acción, de la libertad y de la autodeterminación.

Asimismo, en cuando a la pérdida de poder social, además de ser seres físicos, espirituales y éticos, los humanos somos seres sociales en el sentido de que estamos constituidos por un impulso y un llamado a vencer la separación a través de relaciones con otros. Las relaciones humanas más satisfactorias son aquellas a las cuales una persona es atraída por disposición natural y que se mantienen por decisión libre.
Por el contrario, en la relación con el agente de salud, especialmente si está hospitalizado las relaciones a las cuales el paciente es forzado no son probablemente ni naturales ni libres. Siempre existe la probabilidad de que el profesional de la salud mire la enfermedad en términos científicos y realice su trabajo a cabo aplicando técnicas impersonales. Todo esto, es hecho con máxima objetividad.

No siempre la amistad, el interés, el respeto y la confianza, todos estos valores asociados al cuidado humano, están, ni como mucho, asegurados en la relación persona – agente de salud y persona – paciente.

Analizada esta reflexión a la que nos enfrentamos todos los seres humanos, y en nuestro rol de formadores de profesionales enfermeras/os, llamamos a plantearnos fortalecer las competencias en aspectos éticos a lo largo de todo el ciclo formativo, para preparar profesionales, idóneos, humanos, empáticos, veraces, justos, y finalmente no discriminadores.

Marianela Lister Yáñez
Coordinadora Académica
Escuela de Enfermería UCSH