Dr. Cristián Gutiérrez Rojas, Director, Escuela de Administración y Economía UCSH

Dr. Cristián Gutiérrez

Director Escuela de Administración y Economía UCSH

Respecto al 10%: Una reflexión disciplinaria

Luego de promulgada la ley sobre el retiro del 10% desde los fondos de las AFP, y más allá de las consecuencias políticas inmediatas (derrota oficialista incluida), llega el momento de reflexionar acerca del proceso que condujo a este resultado. Pero esta reflexión la haré desde y para mi disciplina “la economía” y, desde y para mi profesión de “ingeniero comercial”.

Una primera idea es la confirmación de la pérdida de poder político real e influencia pública de la profesión, que si bien se agudizó tras el estallido social del 18 de octubre pasado, se venía evidenciando en distintos y significativos hitos, como la destitución del ministro Arenas en el 2do gobierno de la presidenta Bachelet (rompiendo la inamovilidad de los ministros de hacienda desde el retorno de la democracia), el rechazo a mega proyectos de inversión como Hidroaysén y minera Dominga (la balanza se inclinó hacia la evidencia científica dura más que a las destellantes cifras financieras), y el avance de la agenda de derechos sociales, gratuidad para la educación superior incluida (se comienza a romper el paradigma de la focalización).

La verdad es que el golpe ha sido duro para la profesión. No por nada, luego del estallido social, las principales Facultades de Economía y Negocios del país, a través de su gran mayoría de académicos/as respaldaron sendos mea culpa acerca de nuestra responsabilidad en la profundización de las desigualdades socioeconómicas que experimenta la sociedad chilena. Puede sonar exagerado, pero lo cierto es que los únicos cientistas sociales con real acceso al poder en los últimos 30 años han sido los economistas, imponiendo la mirada y el lenguaje economicista en la formulación e implementación de las políticas públicas.

La segunda idea, relacionada con la anterior, es el descrédito en el cual está sumida hoy la tecnocracia pura y dura. En estos tiempos ya es más que evidente algo que los economistas no han querido reconocer; que la economía es una ciencia social, que aporta una mirada más entre varias, y que cualquier modelo es falible. Lo grave es que la poca conciencia de lo anterior más el acceso al poder ha generado un tremendo daño a nuestra población. Ahí tenemos políticas públicas aplaudidas en su momento por la tecnocracia como el CAE o el Transantiago, las que han resultado en un evidente fracaso y con consecuencias sociales brutales. Está claro que hoy la población ya no se fía de los tecnócratas, en un caso en que casi todos ellos se cuadraron contra la medida del 10%.  Eso, más la crítica situación de las familias por los efectos de la pandemia combinado con la dura y triste realidad del sistema de AFP en su objetivo previsional, alejó como nunca a los tecnócratas de las aspiraciones de la inmensa mayoría de chilenos y chilenas.

La tercera idea, es que con todo se requiere encauzar a la profesión, tanto en el campo metodológico como en el práctico. Es aquí donde la formación pasa a un primer plano. La reflexión acerca de la metodología en economía debe acelerarse y plasmarse en cambios curriculares drásticos. No es posible seguir insistiendo epistemológicamente solo en el individualismo metodológico y la elección racional para explicar, por ejemplo, la formación de precios. Es la hora de incorporar enfoques adicionales ya sea desde la mirada clásica como la economía marxista (la generación de precios como proceso social sustentado a su vez en la idea del valor trabajo), como así también desde miradas modernas más bien propias del mainstream como la teoría de juegos (la maximización individual no conduce necesariamente a óptimos sociales) y la economía del comportamiento (las personas no solo maximizan).

A lo anterior hay que agregar la multidisciplinariedad. Fenómenos relevantes como el desarrollo, la innovación y el emprendimiento solo podrán comprenderse cabalmente desde una mirada sistémica y con el aporte que distintas disciplinas como la sicología, la sociología, la historia, etc. pueden ofrecer. El principal antídoto contra la tecnocracia radical es asumir la humildad socrática de la búsqueda del conocimiento en constante interpelación.

Lo positivo es que hay ejemplos donde la economía sí es un aporte real a la comprensión de los fenómenos, y más aún, usada de buena manera en conjunción y dialogo con otras disciplinas puede desarrollar políticas públicas de calidad que apunten al bienestar de las personas. Ahí tenemos la fijación de cuotas globales de pesca bajo criterios científicos en materia de gestión de recursos naturales o el impulso de las energías renovables a través de mecanismos de mercado en nuestra matriz energética.

Como Escuela de Administración y Economía asumimos este desafío, hacemos nuestro el llamado a repensar el estudio y la práctica de la economía destacada en encíclicas papales como Caritas in Veritate (Benedicto XVI) y Laudato Si (Francisco), dirigir nuestra profesión hacia el bien común, y formar ingenieros e ingenieras comerciales integrales que con su mirada y acción contribuyan al bienestar de nuestra población.