Marcos Acevedo, académico y Director Grupo Chilhué UCSH

Marcos Acevedo

Académico Facultad de Educación y Director Grupo Chilhué UCSH

Sobrevolando el mito

La constelación mítica de Chiloé entrega, por vías de cifras y códigos narrativos, los residuos de una cultura casi desaparecida, fragmentada, cuyos valores educativos en términos de concepción del hombre, del mundo y de la sociedad, aún tienen vigencia. En estos mitos se esconde una historia, la nuestra, que los textos oficiales no recogen. Ella nos informa acerca de nuestros orígenes en un tiempo anterior al tiempo. Nos explica también, la causa de nuestra desmedrada situación presente y nos entrega, como una cortesía suprema, la clave de nuestro futuro.

Debemos agregar que en las sociedades en que el mito está aún vivo, los indígenas distinguen cuidadosamente los mitos “historias verdaderas”, de las fábulas o cuentos que llaman “historias falsas”. Para el pueblo chilote-huilliche, la presencia sagrada de la Pincoya es una “historia verdadera”, ya que ella forma parte del panteón taxonómico de sus creencias, simbolismo del respeto a los fondos marinos. Los niños hijos de padres campesinos y los niños de padres pescadores que crecen en un entorno de cultura bordemar, son criados con esta concepción de respeto a la naturaleza marina y la Pincoya para ellos es la madre agua, como en el norte lo es la pacha mama, madre tierra.

Mientras que las “historias falsas” pueden contarse en cualquier momento y cualquier sitio, los mitos no deben recitarse más que durante un lapso de tiempo sagrado (generalmente durante el otoño o el invierno y, únicamente de noche). Esta costumbre se conserva incluso en pueblos que ha sobrepasado el estado arcaico de cultura. Se dice que antes de recitar el mito, se prepara un área espolvoreada con harina cebada tostada. El auditorio se sienta alrededor. El bardo recita la epopeya durante varios días. En otro tiempo, se dice, se veían las huellas de enanos, elfos y hadas en esta área, la recitación provocaba pues, la presencia real de los personajes mitológicos.

La distinción hecha por los indígenas entre “historias verdaderas” e “historias falsas” es significativa. Las dos categorías de narraciones presentan “historias”, es decir, relatan una serie de acontecimientos que tuvieron lugar en un pasado lejano y fabuloso. A pesar de que los personajes de los mitos son en general dioses y seres sobrenaturales y, en los cuentos héroes o animales maravillosos, todos esos personajes tienen en común esto: no pertenecen al mundo cotidiano. Sin embargo, los indígenas se dieron cuenta de que se trataban de “historias” radicalmente diferentes. Pues todo lo que se relata en los mitos les concierne directamente, mientras que los cuentos y las fábulas se refieren a acontecimientos que, incluso cuando han aportado cambios en el mundo, no han modificado la condición humana cuanto tal.

En efecto, los mitos relatan no solo el origen del mundo, de los animales, de las plantas, sino también todos los acontecimientos primordiales a consecuencia de los cuales el hombre ha llegado a ser lo que es hoy, es decir, un ser mortal, sexuado, organizado en sociedad, obligado a trabajar para sobrevivir y que trabaja según ciertas reglas… si el mundo “existe”, si el hombre y la mujer “existen”, es porque los seres sobrenaturales han desplegado una actividad creadora en los “comienzos”.

Pero otros acontecimientos han tenido lugar después de la cosmogonía y antropogonía, y los seres humanos tal como es hoy, es el resultado directo de estos acontecimientos. Es mortal, porque algo ha asado “in illo tempore”. Si eso no hubiera sucedido, el hombre no sería mortal, habría podido existir indefinidamente como las piedras, o habría podido cambiar de piel periódicamente como las serpientes y, por ende, hubiera sido capaz de renovar su vida, es decir, de recomenzarla indefinidamente. Pero el mito del origen de muerte cuenta lo que sucedió en el tiempo primordial, y al relatar este incidente explica “por qué” el hombre es mortal.

En el primer caso, los mitos están concebidos como textos “fundantes”, es decir, promulgaciones solemnes de una historia sagrada que contiene a la divinidad como fuente y al hombre como destinatario. Por tratarse de hechos que ocurren en el ámbito de lo religioso, siempre en la raíz de los mitos habrá una experiencia mística, un encuentro novedoso con una realidad venerable, experiencia que es tematizada y traducida en código simbólico por los mitos. El “corpus miticum” se constituye así, en el horizonte desde el cual se piensa el contenido del mundo en cuanto manifestado, como resultado de esta reflexión sobre el modo de existir y una actitud frente a la vida, a todo, en definitiva.

Desde este punto de vista, el mito, presente en la cultura mestiza hispanoamericana, aparece como la mediación histórica, en virtud de la cual los hechos narrados por los mitos revelan un designio, un proyecto y una escatología.

Lo que llevamos dicho de la mitología es igualmente válido para una zona u área tan especial como es la del archipiélago de Chiloé. Tema que profundizaremos en otro momento.