Francisco Chacón, asesor de Pastoral UCSH

Francisco Chacón

Asesor Pastoral UCSH

Un Dios que nace para darnos sentido, más allá de las circunstancias

Viviremos una navidad en medio de una crisis sanitaria a nivel mundial, y a nadie, mucho menos a una persona cristiana, puede dejar indiferente todo lo que ha significado este 2020, experiencia permeada por el dolor, incertidumbres y diversos miedos latentes en nuestra sociedad; situación que ha agudizado la crisis político social en nuestro país. Llegamos a un fin de año con escazas fuerzas, luego de intentar con todos nuestros recursos, vivir este tiempo de la mejor manera posible y para ello, ningún recurso fue en vano. En este contexto tan particular cabe preguntarnos ¿qué y cómo celebrar en navidad? De cara a esta inquietud, lo primero siempre será volver la mirada a Jesús, quien debe dar sentido y sustento a nuestra navidad, para redescubrir qué es lo que celebramos, y así, valorar lo fundamental que este misterio nos regala; acoger la presencia de Dios en nuestra vida cotidiana como un acontecimiento siempre nuevo, un Dios que acompaña, sostiene, alienta y bendice nuestro camino. Un Dios que, haciéndose humano, nos desafía a humanizarnos en el encuentro con el otro y con nosotros mismos, y de este modo, reconocernos, en medio de una cultura que deshumaniza y promueve el individualismo y la competencia. Un Dios que llega para invitarnos a optar por una vida alternativa, que promueve y estima la dignidad de cada persona por sobre cualquier otro criterio o condición.

Resulta tan curioso que nuestro contexto actual sea tan parecido al contexto social en que nació Jesús. En un lugar donde existía distancia y desconexión por parte de las autoridades de todo orden, de cara a las necesidades más sentidas del pueblo, en un contexto que segrega, con pocas oportunidades para las minorías y donde, por supuesto, las y los pobres son los últimos en ser considerados. En esa realidad, el Hijo de Dios nace, se hace parte de su pueblo y, mirando más allá, revoluciona las dinámicas establecidas y las formas de relación entre las personas, predicando con el ejemplo.

Mirando entonces nuestra realidad, considerando que aún estamos en plena pandemia y el peso que eso significa, con restricciones para salir de nuestra casa y visitar a familiares y amigos, más la imperiosa necesidad de cuidarnos unos con otros, necesitamos replantear de manera consciente cómo queremos celebrar esta navidad. Ya nos sabemos el discurso del consumismo, lo acelerado de estos tiempos y las típicas imágenes que año a año vemos en los medios de comunicación, pero ¿Es eso suficiente para conectarnos con el misterio del

Dios con nosotros que acontece hoy? ¿Cuánto ha remecido nuestra humanidad lo vivido este 2020, para transformar nuestra mirada y generar un cambio cualitativo en nosotros? Son preguntas de carácter personal y que nos invitan a profundizar, pero si hay algo claro y común para todas y todos, es que, si nos decimos cristianos, nuestra navidad y la forma en que la celebramos, se debe plasmar de alguna manera concreta, expresando el amor a quienes están con nosotros, abiertos a compartir lo que somos y tenemos, con un corazón agradecido por el don de la vida, abiertos a la novedad del encuentro y a resignificar experiencias…

Sin Jesús, no hay navidad que tenga sentido, porque Él es la experiencia fundante. Su presencia en la historia trasciende hasta nuestros días, no por ser un personaje importante o un célebre ícono religioso; sino por su testimonio y el impacto de su mensaje que ha transformado vidas, el cual revela a un Dios que nos ama profunda e incondicionalmente, y nos invita a reconocernos sus hijos e hijas, para vivir en plenitud, más allá de las circunstancias y la contingencia, con la certeza de que, en Él, aún en el dolor, las dificultades y las injusticias, la esperanza siempre encuentra caminos de redención y dignificación. Que todas y todos pasemos una navidad en compañía de quienes amamos, llena de sentido, llena de Jesús.